martes, 19 de mayo de 2015

Me voy

Él me condecoró con su amistad. Y con esa condecoración en el pecho, pero por el lado de adentro, es que participaré como panelista en el acto que, organizado por el Grupo de Amigos del Español de Naciones Unidas, se realizará el próximo 26 de mayo en la sede de la ONU, en Nueva York, bajo el título "La importancia del multilingüismo en la literatura: Conmemoración a la vida y obra de Eduardo Galeano".
La invitación surge de un gesto generoso de Marita Perceval, la embajadora argentina ante el organismo internacional, y me llena de una responsabilidad y orgullo que ojalá sepa corresponder.
Así que allá vamos, Celia y yo, a rendir tributo a nuestro amigo "sentipensante", el uruguayo de todos, cuya obra, parafraseando a Liliana Herrero, nos espera en el futuro.
Al regreso les cuento.

lunes, 11 de mayo de 2015

Dicen

Se conmemoraron los 70 años del fin de la Segunda Guerra Mundial. El 2 de mayo de 1945 las tropas soviéticas entraron en Berlín, tomaron el Reichstag y marcaron, con ese gesto, las últimas horas de un conflicto que dejó más de 60 millones de muertes, desplazamientos poblacionales y un impresionante reguero de destrucción material y moral. Algunos politólogos, y científicos sociales destacan el uso del fenomenal avance tecnológico al servicio de la mayor perversión histórica hasta ese momento. Entonces, fin de esa guerra, pero no del nazismo, como se comprueba cotidianamente.
Existe una fotografía emblemática que eterniza el día. En el número 605, del 2 de mayo de 2015, Ñ, la Revista de Cultura del Diario Clarín, se reproduce esa imagen. El epígrafe cuenta que el nombre del fotógrafo, Yevgeni Jaldéi, se conoció públicamente recién a la caída de la URSS. Y aquí empiezan los "dicen". Dicen que al soldado que agita la bandera soviética en la cúspide del Parlamento alemán le han borrado varios relojes de sus muñecas, en obvia alusión a un presunto acto de pillaje. Y, para rematar, dicen que el humo de fondo fue agregado para darle más dramaticidad a las imágenes. Dice la revista que dicen.
Dicen, el ADN periodístico del Grupo empresarial, esta vez sólo para joder el festejo. Si hubiese sido el 7° de Caballería y los muchachos de John Wayne los que plantaban la bandera de las estrellas entre las piernas de Marlene Dietrich, no habría ningún dicen. Pero la bandera es roja y se le nota con nitidez la hoz y el martillo.
Ahora, ¿quiénes y en dónde, cuándo dicen? No importa, dicen.

Estoy en Buenos Aires, desayuno con medialunas porteñas y la radio encendida. El dial cae en Radio Mitre, el periodista a cargo se llama Marcelo Longobardi. Opina y está bien, es lo que nos corresponde hacer. Opinar, no mentir. Dice que va a comentar un proyecto de ley de un diputado oficialista de la Provincia de Buenos Aires. Es del ámbito educativo, la iniciativa digo, y noto que el colega, el periodista digo, no menciona el nombre del legislador. Ninguneo, se llama esa actitud en mi barrio. Pero vamos al asunto.
El proyecto del ignoto promueve que, además de la evaluación tradicional que hacen los docentes a los alumnos, puedan invertirse los términos y éstos opinen acerca de la calidad con que reciben las enseñanzas. Gran escándalo, fin de las jerarquías, se cae el sistema de convivencia civilizada, horror, el comunismo redivivo nos acecha, un fantasma recorre las aulas argentinas.
Pero no termina ahí el despropósito de estos igualitarios de morondanga. Se plantea la obligación de que en las aulas bonaerenses se enseñe al menos una lengua de pueblos originarios. Y entonces, con voz circunspecta y el tradicional "con todo respeto", Longobardi aclara que está bien, pero ya es una cuestión más demagógica y retórica que efectiva porque los pueblos originarios ya fueron, son cosas archivadas en el baúl de la historia y, por lo tanto, la propuesta no tiene relevancia.
Con la contundencia de un cachetazo ideológico, clasista y mercantil escucho que ese bloque ha sido auspiciado por "Té Cachamai" que, hasta donde mi poca sabiduría alcanza, no es un término sajón.

miércoles, 15 de abril de 2015

Nunca en el bronce

Al principio no pude. No, fue un día nublado por dentro, con tanto río de lágrimas, con esa necesidad de abrazarse imposible de poner en palabras. Ahora, no sé, pero quiero intentarlo. Ahí va.
En la noche anterior a la muerte de Eduardo Galeano vi y escuché al vicegobernador de la provincia de Buenos Aires, Gabriel Mariotto, poner una cuota de poesía en medio de una campaña electoral. A aquella frase ya mítica que Litto Nebbia convirtió en canción y que dice que "La historia la escriben los que ganan", el militante peronista, siempre optimista, un político inteligente y un académico de la comunicación popular, expresó que "La historia la ganan los que escriben".
Y a la mañana siguiente se nos murió Eduardo.  Premonitorio, don Gabriel.
Todos lo tuvimos de compañero, de amigo, de compinche. No, todos no. Los humillados, los desheredados del sistema, los mineros bolivianos, las mujeres maltratadas, los bosques talados, las minorías ninguneadas, los nadies.
Tuve, tengo, el privilegio de saberlo mi amigo. Él me lo dijo y atesoro aquella noche en casa, a Helena cuidándolo y amándolo delante de todos. Llenó nuestro hogar de anécdotas, se emocionó con las que contó y le contamos, se bebió el vino que, a raudales, le fuimos regalando. Pero, sobre todo, nos dio una lección de humildad sin posturas ni gestos de divo, a cara lavada. Había llegado a Mendoza para recibir el Honoris Causa de la Universidad Nacional de Cuyo a propuesta de Ernesto Espeche, por entonces Director de la carrera de Comunicación Social en la Facultad de Ciencias Políticas. Esa tarde, la del 24 de marzo de 2011, marchó junto a miles detrás de las Madres y los organismos de derechos humanos para recordar a nuestros compañeros y reclamar que la sede del D2 sea lugar de memoria, verdad y justicia. Reclamo aún hoy vigente y promesa incumplida.
Pero, ¿por qué estoy escribiendo estas obviedades, esta crónica que cualquiera puede buscar en los archivos periodísticos de esa fecha? ¿A alguien puede interesarle saber que la única entrevista personal que dio en Mendoza, ante Alejandro Rotta, para el canal de televisión universitario, y ante quien les cuenta el episodio, para Radio Nacional Mendoza, haya sido publicada en el diario Los Andes al día siguiente, con la firma de Mariana Guzzante, sin mención alguna a las fuentes? Es decir, un vulgar afano, al mejor estilo Clarín, cuya sucursal es Los Andes en Mendoza.
Cuando terminen los rituales de la despedida, cuando se apaguen las luces y se vayan sus amigos y el pueblo uruguayo a seguir con sus tareas cotidianas, cuando Helena se despierte y no tenga a quien contarle su sueño de esa noche, cuando suene el teléfono ante mi llamada y la voz de Eduardo ya no me salude, cuando vuelva a Montevideo y el Brasilero se muera de ausencia, entonces, recién entonces habrá que empezar a darse cuenta, tendré que darme cuenta, que mi "siempre amigo" no está más.
Si sus libros acompañaron a los presos como alivio a las torturas (¿no es cierto Silvia?), si aquel guerrillero salvadoreño murió con sus venas abiertas y tus "venas abiertas" cubriéndole el pecho ante la bala asesina, habrá que prometerse, que prometernos, que nunca, por favor nunca jamás pongamos a Galeano en un pedestal, en un monumento, en una lápida, en ningún bronce. ¿Por qué, para qué? Su nombre y sus libros alimentarán las bibliotecas populares, los bares y cafés, los teatros, los colegios y universidades, los hogares de los refugiados, las casas de amparo de las mujeres violentadas, los muros del mundo, el potrero donde los gurises patean su pelota de fútbol.
Como no queremos que se lo inmovilice en bronces vamos por el abrazo a sus libros, por el fuego de su memoria, por los días de nuestros hijos de esta América que tiene, desde ahora y para siempre, a Eduardo Galeano alimentando el caudal de sangre roja en sus venas.

miércoles, 1 de abril de 2015

Defunciones y funciones

                                                     Especial para "La Tecl@ Eñe"


Sucedió en el mismo fin de semana, como un mensaje elocuente, como una metáfora de los tiempos que se van (en definitiva, esa es su lógica) y de los vientos que nos revuelven el cabello y las ideas.
Se murió la actriz, directora, dramaturga, docente y militante social Ana María Giunta. Aunque nacida en Concepción del Uruguay, Entre Ríos, siempre la consideré mendocina. Será porque fuimos vecinos en nuestros años juveniles, ella en su casa de calle Salta casi Santa Fe, y yo en Santa Fe 262, donde viví desde mis cuatro años hasta finales de 1974. En los últimos tiempos, como consecuencia de la obesidad mórbida que la aquejaba, siguió su itinerario vital con las clases para formar actrices y actores dignos, como ella, su lucha contra todo tipo de discriminación, contra la violencia de género y a favor del matrimonio igualitario, una de las tantas luces inclusivas y de ampliación de derechos en esta década y la yapa.
Nos vimos por última vez hace varios años en los actos por el Día de Mendoza en la Feria del Libro de Buenos Aires. Abrazos, recuerdos y mucho humor del bueno, irónico e impiadoso que tan bien manejó siempre.
Y en el mismo fin de semana se nos murió Antonia Jesús Heredia, vieja catamarqueña querida, mamá de María Cristina Cornou y Víctor Heredia, el juglar ("Gracioso mimbre", le cantó en su bellísima "Ay Catamarca"). El 22 de junio de 1976 la dictadura genocida desapareció a María Cristina, embarazada de cuatro meses, y a Claudio Nicolás Grandi, su pareja y el padre de Yamila, la hija que tuvo que criar Antonia. Buscó infructuosamente al nieto o nieta que, se supone, nació en cautiverio entre noviembre y diciembre de ese año.
Las dos partidas, la de Ana María y Antonia, envueltas en la bandera del trabajo consecuente y, sobre todo, la dignidad.
Y otra vez Entre Ríos. Gualeguaychú, esa ciudad con onomatopeya de estornudo, famosa por su sambódromo y su carnaval, sus mujeres esculturales y sus ancestros inmigratorios, fue escenario de un vaudeville de comité. La Unión Cívica Radical cometió su convención para preparar sus exequias, a manos de la manteca más rancia del menú ideológico residual. Sus dirigentes tenían opciones. Y eligieron el camino de la derecha, la rotonda más vetusta, el puente que los lleva hacia atrás. En realidad, si se mira bien, el GPS político que pusieron a consideración de los delegados chorreaba mediocridad. O iban con quien, finalmente, fueron, el empresario boquense, gerente de la ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri ("Mi hijo es un pelotudo", sentenció Franco, su padre, en un exabrupto que hace honor a su nombre de pila y me hace pensar que nadie conoce mejor a un hijo que sus progenitores); o se subían al merchandising de Sergio Massa, pseudoperonista dizque renovador, diputado nacional ausente, exintendente de Tigre, el más seguro refugio de cuanto narcotraficante busca sombras reparadoras en Argentina, o se onanizaban en un denominado Frente Amplio, ese angosto espacio en el que cohabitan socialdemócratas oxidados, exkirchneristas criados a puro despecho y pseudozurdos de praliné, encabezados (los radicales de esta fracción, digo) por Julio Cobos, un ser humano indescifrable, un político con c, de cabotaje, aquel que fuera expulsado de su Partido "de por vida" y un año y medio después era poco menos que un rockstar de la oposición vernácula. Hoy riega las plantas de su jardín, pero jamás llegará a ser el personaje de la novela de Kosinski.
Pero no es nada nuevo. Tanto el peronismo como el radicalismo han acumulado episodios de este calibre a lo largo de su existencia. Y si me apuran, algo así se puede rescatar si repasamos el itinerario nacional desde 1810. Saavedra y Moreno, Rivadavia y San Martín, Roca y Arbolito y así siguiendo.
Del centenario partido de la clase media emergente a principios del siglo pasado hay ejemplos. Manuel Carlés y FORJA, Alvear e Yrigoyen, Balbín y Alfonsín, Sanz y Moreau.
En el peronismo, también. López Rega y Walsh, Paladino y Cooke, Chiche Duhalde y Cristina, Menem y Kirchner y paro acá para no abundar.
Por eso no creo que el radicalismo haya muerto entre los ríos de genuflexión y patetismo de la obra de género vaudeville de Entre Ríos. Lo que cruje como barca oxidada en la tempestad es la orgánica, el aparato. En síntesis, la UCR es al radicalismo lo que el PJ al peronismo. Un tumor.
Pero hubo más funciones ese fin de semana. En el Teatro Nacional Cervantes, Buenos Aires, se puso en escena, durante tres días, lo que Víctor Hugo Morales llamó, con el acierto que lo caracteriza, "un festival de las ideas". Liberadoras, agregaría yo. El Foro Internacional "Equidad e Igualdad" reunió a muy destacados pensadores, pensadoras, gestores y gestoras, de las nuevas ramas fructíferas de ese árbol que Hugo Chávez denominó "Socialismo del siglo XXI". Desde Noam Chomsky, Leonardo Boff, Gianni Vattimo, pasando por Piedad Córdoba, Álvaro García Linera, Constanza Moreira, Ignacio Ramonet, Martina Anderson, Ricardo Forster, Horacio González, hasta los jóvenes Iñigo Errejón, Gabriela Rivadeneira, Camila Vallejo y Axel Kicillof entre otros, se propusieron pensar y debatir la teoría y la praxis del cambio de época que, como aquel otro fantasma que recorrió Europa, ahora se ha globalizado para marcar la agonía sin éxtasis de la experiencia letal del neoliberalismo. Como muestra de las moléculas de inteligencia que poblaron el escenario del teatro me animo a mencionar el planteo teórico de "Estado rebelde" a cargo de nuestro ministro de Economía. Varios panelistas comparten su formación política con la gestión. Por eso, cuando pase el tiempo, esas intervenciones servirán como explicación de, entre tantas experiencias inclusivas, los 500 estudiantes de la Universidad de Buenos Aires que viven en lo que el extraordinario Bernardo Verbitsky (sí, el papá de Horacio) llamó "villa miseria"; o los millones de compatriotas que se sumaron al régimen previsional; o los miles que, como mi hija y su familia, llegaron a su casa propia gracias al Estado rebelde; o las 1800 nuevas escuelas públicas construidas y tanto más que marcan la recuperación de las políticas públicas como factor reparador de las desigualdades económicas, sociales y culturales.
En el N° 599 de "Ñ", la revista cultural de Clarín, el primero después de lo sucedido en las funciones del Cervantes, no hay una sola mención de la presencia de estos prestigiosos pensadores y pensadoras contemporáneos. Para los lectores de Clarín no sucedió lo que sucedió.
Una buena manera de confirmar que empieza a prepararse la defunción de una manera de hacer periodismo.

miércoles, 25 de febrero de 2015

Ojo al piojo

"Casi siempre es cuestión de sombras con las máscaras"
Luisa Valenzuela, "Diario de máscaras" (Capital Intelectual, 2014)

"André Malraux la llamó "capital de un imperio que nunca existió...""
Juan José Sebreli, "Buenos Aires, ciudad en crisis" (Sudamericana, 2003)


Se llama Tomás Acha y cuando tenía cinco o seis años vio nacer una cucaracha. Blanca como la pureza de una golosina de algodón. Fue en un parque en el atardecer primaveral del setiembre mendocino. Lo deslumbró la metamorfosis del pigmento porque le puso en entredicho a los colores convencionales del bicho, esos que había visto en revistas y en vivo y directo y le abrieron los ojos a un mundo fascinante y desconocido.
Es el caso más concreto que conozco de determinismo histórico. O vocación temprana, precoz. Tommy, así le decíamos sus amigos del barrio, hoy es entomólogo, conoce de insectos. Se casó con una prima hermana muy bella. O sea que también conoce de incestos. Se divorció y en la actualidad vive en pareja con Serapio Hoso, hijo de japonés y madre huarpe. En su juventud fue guardaespaldas de un dirigente sindical que hoy posee una flota de camiones, una fábrica de juguetes de plástico y cinco restoranes en centros turísticos. O sea, también conoce de infectos. Pero ya no le llaman Tommy, ahora es Kukar. Maldades de sus compañeros de la universidad. El Kukar Acha. Él me enseñó todo lo poco que sé acerca de la vida y obra de esos animalitos
Son neópteros, me cuenta, no vuelan y se instalan en calidad de parásitos en aves y mamíferos (nosotros, por ejemplo). Los científicos del rubro afirman que existen 3.250 especies, pero mi amigo Kukar ha estudiado una más.
Él descubrió que la que habita gallineros, corrales, casas de cambio, fiscalías federales, juzgados de alta gama, empresas y negocios de importación y exportación, constituye una subespecie muy particular. Estos piojos tienen nariz y ojitos. La especificidad radica en que no ven más allá de sus narices que, por otra parte, suelen ser respingadas, muy cortas. Como no han desarrollado la capacidad de memorizar suelen usar sus seis patas con forma de garfios para recorrer los mismos pasos de ayer y anteayer. Se los encuentra en peluquerías recoletas de señoras y señores, en oficinas con aire acondicionado y vista al río, en los ruleros que hacen cola en supermercados y entre las copas y servilletas de pubs pseudoirlandeses. En definitiva, son insectos muy urbanos.
Pero lo que Kukar descubrió y describió como más significativo y que distingue a estos piojos del resto de las especies hasta ahora conocidas y estudiadas es que los nuestros resucitan. Sí, así como lo leen y lo oyen.
En ciclos de 10 ó 12 años les sucede una catástrofe. Como se creen libélulas y colibríes intentan volar, pero ya dijimos que no tienen alas. Los pisan, los fumigan, los envenenan y nada. Al poco tiempo vuelven, con las mismas ínfulas, con los mismos ruleros y con el mismo sueño rastrero y la renovada intensidad de su daño.

jueves, 19 de febrero de 2015

Supernisman

Si hoy le preguntás a la señora del paraguas azul por quién va a votar en octubre, ella dirá Nisman.
Si hoy le preguntás al señor candidato qué hará con la Asignación Universal por Hijo, él responderá Nisman.
Si le preguntás por Aerolíneas Argentina él insistirá, Nisman.
Si el asunto es la movilidad jubilatoria, Nisman.
Si se te ocurre pedirle precisiones respecto del Fútbol para Todos, el relator será el cuñado de Nisman (con Tinelli, claro).
Cuando quieras saber qué hará con los ferrocarriles, Nisman.
Las relaciones internacionales las manejará el canciller Nisman.
La DAIA y la AMIA cambiarán sus nombres, ahora serán Nisman I y Nisman II.
YPF pasará a llamarse YPN.
El calendario gratuito de vacunas lo manejará Nisman.
La puerta de nuestras embajadas en Israel y Estados Unidos lucirá un busto con la cabeza de Nisman. Para las restantes se propone colocar una placa Nisman y se llamará a Campanella y a Nik para que filmen y dibujen en su homenaje.
Todas las 1800 escuelas que fueron inauguradas en esta década se llamarán Nisman más su número respectivo.
El plan de construcción de viviendas será denominado PROCRENISMAN.
Los científicos repatriados deberán rendir un examen acerca de las virtudes éticas y profesionales de Nisman.
El satélite geoestacionario argentino mutará su nombre de ARSAT I a NISMAN INMORTAL.
La ceremonia ritual de la circuncisión la harán, a partir del 11 de diciembre de 2015, la mamá y las hijas de Nisman.
Las universidades públicas también se llamarán Nisman. Y, ya que estamos, las de curro privado, también.
Cada 5 de diciembre, día de su nacimiento, será feriado nacional. El 18 de enero, fecha de su deceso, no porque es temporada alta y hay que facturar.
Si preguntamos a los candidatos opositores cuál será su prioridad en el caso ficcional de que sean gobernantes, todos, al unísono y con caras conmovidas, responderán Nisman.
El diario Clarín se rebautizará Nismín. La Nación, Nismitre y Perfil, esperará instrucciones de los dos anteriores, pero es muy posible que acepte llamarse Fontenisman.
Eso sí, TN seguirá siendo TN, Todo Nisman.
El sionismo pasará a conocerse como sionisman.
El psicoanálisis dejará de ser lacaniano, jungiano o freudiano. A partir de hoy será sólo nismaniano.
Lo mismo le sucederá al existencialismo sartreano o heideggeriano, será nismaniano o no será. El Dasein será Danisman.
A las plazas, avenidas, calles, teatros y negocios que se llaman San Martín se les agregará "y Nisman" para que parezcan una misma persona. Como López y Planes, Guido y Spano o el futbolista Moreno y Fabianesi.

Ayer por la tarde, 18 de febrero, los trabajadores que están levantando un edificio en la esquina de casa seguían laburando. La construcción avanza, pero la muchachada no afloja.

lunes, 9 de febrero de 2015

Perlita

 "Pero cómo serán mis despertares"
 Chabuca Granda


Tomó posesión del sitio con una naturalidad inquietante. Como si ese hubiese sido su lugar en el mundo desde siempre. Envuelta en una especie de tul granizado que la protegía de cualquier peligro comenzó a bailar sin importarle mi existencia y sus alrededores. Con el correr de los días empecé a entenderla. O eso creí. Su comportamiento errático y caprichoso planteó los primeros conflictos entre nosotros. Cuando me veía con un libro se interponía entre las letras y mi visión. Danzaba alocadamente y ensuciaba cualquier posibilidad de que  pudiese concentrarme en la lectura. Si la vejiga me despertaba en la madrugada ella protestaba por haber perturbado su descanso nocturno y no me era fácil cumplir con mi necesidad. Al rato, ya dormíamos juntos otra vez, abrazados a la noche, cada uno soñando cosas distintas. Yo, imaginando  el milagro de despertar y no verla más. Ella no sé, pero si me dejo llevar por lo que sucede en cada amanecer debo creer que ocupa su sueños en planificar nuevos modos de mortificarme.
Hace ostentación de su poderío, ocupa todo el espacio posible, demuestra una vitalidad envidiable para alguien como yo que apenas tiene fuerzas para encarar la ducha matinal, el desayuno de siempre y cuando voy a buscar el libro mío de cada día caigo en su trampa. Porque ya es suficiente con la mugre de los buitres globales, los periodistas mendaces, los funcionarios judiciales encubridores, los políticos mediocres y sus operaciones de cabotaje, los empresarios del ombligo fácil y los policías corruptos como para tener que ver sucia la vida gracias a su perversa manera de apoderarse de mí.
Quiero ser claro. Tan claro como esa mañana de lunes en la que el Lácar mostraba sus mejores brillos y, de a poco, una arañita y millones de puntitos negros fueron invadiendo mi único ojo útil, el izquierdo (como ves, querida lectora, la anatomía y la ideología se confabulan para guiarme en la vida una vez más). Pensé que era pasajero, pero la pasajera se fue transformando en inquilina y tuve que tomarla en serio.
En nuestro país el tema de la identidad es un asunto serio. Así que le puse un nombre ya que mis amigos del café, los cómplices de indignaciones varias, esperanzas renovadas y literaturas vitales dicen que no puedo compartir mis días con alguien sin nombre. Le llamo Perlita porque cuando se presentó estaba leyendo "Letargo"(Edhasa, 2014), la muy buena novela de la cordobesa Perla Suez.
Perlita es hincha del Globo, de Huracán de Parque Patricios, porque dice que si ella vive en un globo, el ocular, le parece lógico que aliente a su congénere. Es razonable. Quizá lo único razonable de esta historia.
En fin y para no cansarte, lectora preciosa, que Perlita me tiene podrido. Quiero, necesito volver a zambullirme en mi biblioteca, perfumar mis ojos con las bellezas de las muchachas estivales y tener bien abiertos los ojos ante tanto garca que intenta, sin respiro, someter nuestro futuro.