lunes, 29 de diciembre de 2014

El pino negro y otros fuegos

A Ana Vera, Rodrigo y Gabriel Páez,
in memoriam



"Aquí yace un pájaro.
 Una flor.
 Un violín"
 Juan Gelman


En vísperas de fin de año un grupo de niños de alrededor de diez años de edad quemaron el maravilloso pino centenario (o que quiero imaginar centenario) que presidía la plazoleta Belgrano, a metros de mi casa, en Godoy Cruz, Mendoza. El municipio ha remodelado no hace mucho el paseo (a veces tengo la impresión de que la gestión no hace otra cosa que embellecer plazas y organizar conciertos magníficos mientras sus habitantes humildes siguen esperando) y la plaza está llena de jóvenes y criaturas que la habitan durante las tardes y las noches de verano. En fin, que hoy está el pino en pie, pero negro "como la tumba donde yace mi amigo". Cosas de la pirotecnia, esa agresión perversa y primitiva enmascarada en un nombre mediático. Daño, puro y simple. Al ver el pino, mustio y calcinado, pero erguido sobre su propio dolor pude poner en palabras escritas lo que sigue. Recién entonces pude.
Ana fue un milagro de vida. Hija de Víctor Hugo Vera, desaparecido en Tucumán durante la dictadura genocida, vivió en prisión junto a Florencia, su madre, hasta que la abuela materna la rescató de las garras del horror. En esa casa le tocó presenciar el secuestro de su tía, también perdida en la noche de los tiempos malditos. Creció, con las trenzas negras al viento y sus ojos penetrantes y cantarinos. Así la conocimos y así creció también la amistad con Laura, nuestra hija mayor. Estudiaron juntas en la Escuela de Bellas Artes de Mendoza, allí conocieron a sus compañeros de vida, Santiago y Leandro, respectivamente. Ana y Santiago tuvieron tres hijos, ella estudió Comunicación Social y trabajó solidariamente siempre. Adoptaron cuatro hermanitos, rescatados de una familia con riesgos vitales importantes y formaron un hogar luminoso, alegre y caótico. En esa casa mi nieto mayor, Manuel, fue un niño amado, feliz y libre.
La hago corta y, en lo posible, sin golpes bajos. En el amanecer del domingo 16 de noviembre pasado un cortocircuito incendió la inmensa casa de Ana y familia. Se pusieron a salvo casi todos. Ella intentó rescatar a uno de los chicos atrapado entre los fuegos y en la desesperación corrió otro con ella. Ninguno de los tres salió con vida. Punto.
Ana, su entrega total y final. Ana, la Patria y el Otro. Ana, igual a como vivió. Sí, una tragedia griega en pleno siglo XXI. Y, por favor, no me digan que se los llevó Dios. Prefiero no ofender a nadie.
Cada vez que leo o escucho el lema "Argentina, un país con buena gente" se me aparece el rostro de Ana, su humor inteligente, corrosivo y feliz (alguna vez, bromeando, dejó dicho que si moría la cremaran y sus cenizas fueran a parar al inodoro).
No les cuento la ola de solidaridad para con los que quedaron vivos, desnudos de todo, atónitos y derrumbados de dolor, ese abrazo extendido que inundó la provincia. Si me detengo en los detalles, las donaciones, los mensajes y los recitales a beneficio caería en esos golpes bajos que quiero evitar. Como en tantas otras ocasiones, como en las inundaciones de Santa Fe y La Plata, por ejemplo, ni el fuego ni el agua tienen la culpa. Recuerdo aquel texto maravilloso de Angélica Gorodischer cuando le desidia de la gestión Reutemann ahogó a los santafesinos. Pero también sé que nuestro querido Eduardo Galeano dice que somos fueguitos, que nos abrigamos y vamos creciendo juntos en sueños realizados. Y entonces me digo que sí, el fuego no tiene la culpa. Ni el que enmudeció la vida de Ana, a sus 40 años y la de los chicos en plena pubertad, ni la que pintó de negro el pino centenario de mi barrio.
Estoy leyendo "Historia de las ideas científicas", de Leonardo Moledo y Nicolás Olszevicki (Planeta, 2014), un libro voluminoso que me gusta saborear de a poco, como los buenos chocolates o un café con mis amigos. En él, Moledo, otro fallecido prematuro, escribe un poema que empieza así: "Primero vino el fuego, el árbol que ardía,/la floresta incendiada que aquellos hombres monos mirarían pasmados..."
El fuego, ese "aire enrarecido", el elemento de la curiosidad primordial, el que nos protege en los inviernos del cuerpo y del ánimo, el que nos viene alimentando, el cómplice de amistades y pasiones.
Estamos de pie, como el pino aquél y como los que quedamos sin la sonrisa de Ana. El fuego y los fueguitos seguimos bregando para que "se encuentren los amores y se espanten los espantos." Siempre.

lunes, 15 de diciembre de 2014

Ficción real o viceversa

Hay personas que vienen al mundo predestinados. O marcados por la herencia que los padres insisten en dejarles. El nombre, por ejemplo. El protagonista del cuento que van a leer se llamó, por imposición jerárquica de progenitores, curas y demás elementos zoológicos, Francisco Mulgar. De abuelos húngaros y padres católicos, apostólicos y vaticanos, apenas ingresó a la escuela sus compañeros, malditos y traviesos, lo apodaron Paco. Paco Mulgar tuvo una infancia feliz, si se entiende por feliz disfrutar de los juegos convencionales de un niño de clase media urbana, miembro de una familia con aspiraciones de progreso. Figuritas, veranos en la playa, fútbol y rugby, flirteos tímidos con niñas audaces. Hubo un intento fallido de hacerlo sacerdote (no pasó de monaguillo en la misa de 11 del domingo) y, rápidamente, se decidió por la abogacía. Sin embargo, Paco Mulgar siguió devoto católico y, haciendo honor a su nombre y apellido, era y es hombre de comulgar seguido.
Ciertas incongruencias cósmicas lo pusieron al frente del gobierno provincial de Atrasalandia, comarca precordillerana, semidesértica y alfombrada de uvas y frutales.
Que en su hogar le ponga a su canario "Pío Pío XII", a su pastor alemán "Ratzinger", a su gata "Carmelita", que la piscina sea llenada únicamente con agua bendita, que él y su mujer se autoflagelen cada Semana Santa como los místicos filipinos o indonesios, que su personal doméstico deba llamarse Teresa (por la dama albanesa que administraba moritorios en Calcuta), que desayune y meriende sólo bolas de fraile y sacramentos, que esté convencido de que Bergoglio eligió mutar en Francisco como homenaje subliminal a su devoción desinteresada por la secta religiosa mayoritaria, que las paredes internas de su casa estén tapizadas de mártires medievales, son decisiones íntimas, raras, pero respetables.
Distinto asunto es cuando pide que mi canario, mi perro, mi gata, mi Pelopincho, mi desayuno, mi merienda, mi compañera y mis colaboradores se llamen y se comporten como es su costumbre. Y todo para que el monseñor del barrio no se ponga triste o enojado.
Hasta acá la ficción. Pobre, es verdad, pero honrada. Te invito a abrir la puerta de la realidad. Pobre, es verdad, y deshonrada.
El gobernador de mi provincia, el "compañero" Francisco Pérez, les ha pedido a los integrantes de la Comisión Bicameral que analizan el proyecto de Ley de Educación local que eliminen de su texto la palabra "laica". El argumento es peor que la solicitud. Se trata, sugiere, de no discriminar a los negocios privados pedagógicos con orientación religiosa. No hace mucho un grupo de empresas y empresarios mendocinos ("la aristocracia del barrio". O la aristograsa del barrio) hizo lobby en la misma dirección. La titular de la Bicameral, diputada Lorena Saponara (FPV), en entrevista para "El Candil" (Radio Nacional Mendoza) rechazó el pedido empresarial. Sin embargo, el gobernador hace las veces de portavoz de los grupos concentrados de la educación celestial. La Iglesia católica, secta mayoritaria en verdad, se resiste a vivir en el siglo XXI. Les costó aceptar que los hijos nacidos de una pareja no casada son hijos del amor, que dos personas pueden dejar de quererse y enamorarse de otra persona. Todavía creen que un ser humano homosexual está enfermo de eso. En fin, que parecen ser ciudadanos paradigmáticos de Atrasalandia.
El artículo 212 de la Constitución de Mendoza dice que "La educación será laica, gratuita y obligatoria". Es decir que el pedido de Pérez es un intento de contradecir la letra y el espíritu de la ley suprema de la provincia. Y todo por un apriete corporativo. También se argumenta que la inclusión de la palabra "le quita espiritualidad" al proceso educativo. Con ese concepto podemos decir que la palabra "gratuita" le quita rentabilidad y la palabra "obligatoria" coarta la libertad de no estudiar.
En nuestra patria la educación pública es laica desde el 8 de julio de 1882. Regresar a ese 7 de julio es más de lo que mi imaginación puede ver, pero todo es posible en esta sociedad en la que todavía se percibe un fuerte olor a incienso en los alrededores de las iglesias, cuando el domingo canta su canción de primavera y los niños sueñan que son mariposas que persiguen una pelota de trapo.

martes, 9 de diciembre de 2014

La cicatriz

                                           "Yo quiero a mi bandera,
                                             planchadita, planchadita, planchadita"
                                                                                         Luca Prodan



"Es así, señora. No sé adónde vamos a ir a parar. Les dan guita a los transexuales, les pagan un sueldo a los delincuentes, vacunan gratis a cualquiera por cualquier resfrío, promueven los embarazos adolescentes por unos pesos, en este país va a la universidad hasta un vago de la villa. Y ahora, lo último que faltaba, estuvieron ahí de permitir que un alumno repetidor sea abanderado en la escuela del Cacho. Por suerte, la Rosa, la Violeta, la Margarita y esta servidora le pedimos, le exigimos, a las autoridades pertinentes que no sean impertinentes y deroguen esa barbaridad. Estamos hartas, nosotras que somos las flores más perfumadas del jardín del barrio, de que nivelen para abajo", me dice la señora Lila, mientras repasa la vereda con el lampazo por octava vez.
La indignación de estas abanderadas del ombligo ancestral surgió, esta vez, por una resolución de la Dirección General de Escuelas de Mendoza que abría la posibilidad de que un alumno repetidor pudiese llegar a ser abanderado del colegio. ¡Para qué! Se sacudió el árbol del sentido común y cayeron cientos, miles, millones de lugares también comunes para alfombrar el piso de la chatura mental y moral de esa clase media con ruleros y cabezas con forma de pelota de rugby.
Uno, ingenuo hasta la boludez, supone que una decisión así (la educativa, digo) no surge por el capricho o la alucinación de un funcionario o funcionaria después de una noche de amor apasionado y como agradecimiento a la vida que le ha dado tanto. Una resolución así se propone, se analiza en equipo, se estudia, precisamente, se discute, se aprueba y recién entonces se difunde. No supe ni imaginé jamás que, por ejemplo, la Asignación Universal por Hijo haya sido motorizada por un ataque de inspiración celestial. Pues bien, poner en práctica lo decidido por la DGE implicaba un paso inclusivo más, en sintonía con los aires de la década. Lo escribo en pretérito porque, otra vez, ganó Doña Rosa en nuestra bienamada patria chica. El gobernador puso el grito en el cielo, recordó su paso por las aulas del Liceo Militar "General Espejo" y retrotrajo la situación a los cauces conservadores de siempre. No hay caso o, mejor aún, hay casos en que los dedos en V, la Marcha y "combatiendo al capital" son una foto. Sólo eso.
O sea, el chico que repitió un grado será repetidor para siempre. Llevará la etiqueta de burro, mal alumno, desacatado y oloroso para siempre. Es la misma lógica ilógica que se aplica a quien ha delinquido. Delincuente for ever. Para la lacra pequeñoburguesa que supimos conseguir está prohibido superarse, dejar atrás cualquier traspié que un ser humano haya dado en la vida. Me recuerda las palabras de aquel milico del golpe de Estado de setiembre de 1955 (hay historiadores que se empeñan en seguir llamándolo Revolución Libertadora) ante algunos dirigentes de la CGT que habían ido con la pelela puesta de sombrero a negociar con los fusiladores: "Esta revolución se hizo para que el hijo del albañil siga siendo albañil", o algo así les dijo. Y ese mandamiento cultural ha quedado impregnado en muchos sectores de nuestra impoluta clase media. Porque el rechazo al repetidor o al exdelincuente es más una cuestión de clase que de clases en el aula o de clases de afano. Me pregunto cuántos de los titulares de las 4040 cuentas de argentinos en el Banco HSBC suizo habrán repetido algún año en la primaria, en la secundaria o en la universidad. O más interesante todavía, ¿cuántos han sido abanderados, para terminar convirtiéndose en estos "patriotas" según el código moral "me miro el ombligo y los demás me importan medio carajo"? Ah, pero ellos y ellas serán siempre bienvenidos y aplaudidas cuando desfilen con la escarapela en el pecho cada 25 de mayo o 9 de julio.
Mis amigas y amigos médicos me explicaron que el ombligo es una "cicatriz redondeada y arrugada que se forma en medio del vientre tras cortar y secarse el cordón umbilical". Sólo eso y nada más. Aunque muchos lo usen de estandarte ético y les marque el camino estrecho y finito de su existir. Con esa cicatriz votan, compran y venden, hacen y deshacen el amor, soplan las velitas, viajan y regresan, compran dólares y electrodomésticos, con el ombligo escriben, pintan y bailan, viven admirándolo frente al espejo hasta lo masturbatorio. En fin, que esa cicatriz es el alfa y omega, el GPS de su moral.

lunes, 10 de noviembre de 2014

Flora y fauna

"Creer o reventar. Pues entonces, reventar"
                                         Isidoro Blaisten



Las siguientes empresas e instituciones proponen que se elimine la palabra "laica" del proyecto de Ley de Educación de la Provincia de Mendoza, República Argentina, en el año 2014 de vuestro señor Jesucristo: Unión de Entidades Empresarias de Mendoza (UEM), Consejo Empresario Mendocino (CEM), Unión Comercial e Industrial de Mendoza (UCIM), Asociación de Empresarios del Carril Rodríguez Peña (ADERPE), Nuestra Mendoza, Fundación Crescere, CONIN, Instituto para la Transformación del Estado y la Sociedad (ITES), Federación Argentina de Bachilleratos Humanistas Modernos (FABHUM), Observatorio de la Convivencia Escolar de la Pontificia Universidad Católica Argentina (UCA), Fundación Mente Sana y Red Mendocina Familia y Vida. Juntas dicen formar la Mesa de Encuentro por la Educación de Mendoza.
O sea, "la aristocracia del barrio".
Tía Flora, te cuento algo que, estoy casi seguro, ya sabés. Entonces para qué te lo cuento, dirás vos. Es que yo sé, te conozco bien, que charlás mucho con las vecinas y cuando vas a la peluquería también y sé que lo vas a comentar con ellas (A propósito, tía Flora, ¿podés explicarme por qué en las peluquerías, en los aviones y en las salas de espera de los consultorios se leen las revistas de atrás para adelante?).
El 8 de julio de 1884, hace 130 años, se sancionó y promulgó una ley de educación laica, pública y obligatoria. Lleva el número 1420 y es esa sólida piedra fundamental de uno de los orgullos argentinos desde entonces. Gobernaba el genocida y latifundista Julio A. Roca y el país se preparaba para recibir la ola inmigratoria que hoy nos constituye.
Tía Flora, vos lo vas a explicar mejor, más sencillo, y confío en que no caerás en la discriminación tan en boga en estos tiempos. Sobre todo entre las señoras de la peluquería, casi todas con apellido italiano o español o, inclusive, alguna judía con raíces en el Este europeo. Y ahora, mujeres paraguayas, chilenas, peruanas y bolivianas.
Pero no es una cuestión de flora. Es, más bien, de fauna. Cuando pasen muchos años los antropólogos, arqueólogos y coleccionistas de antigüedades buscarán pruebas que den testimonio del tiempo ido. Y se encontrarán, supongo tía Flora, con este documento que pide retroceder más de 130 años y sólo para defender un negocio bastardo, el del intercambio de conocimientos y valores por dinero.
Llegarán a la conclusión, reunidos en algún congreso multitudinario y fastuoso, que hubo ciertos ejemplares bípedos de nuestra fauna más o menos autóctona que tenían el cuello doblado 180 grados, postura que los llevaba a mirar hacia atrás, muy atrás. No sabrán explicar el por qué de esta anomalía animal, pero sospecharán que esa visión les confundía la vida, al extremo de encontrar vestigios de sus osamentas cubiertas por mantos negros con una H gigante en el pecho y una cruz más grande todavía en la espalda. El bisnieto de uno de ellos, consultado por los expertos, dirá que se duda acerca del significado de la H. Podría tratarse de un juramento textil de fidelidad hacia la "Hostia" o, dicen algunos humoristas amigos de él, la primera letra de la palabra "Hipocresía" con que habrían sido identificados estos seres antediluvianos de comienzos del siglo XXI..
Vos, tía Flora, seguí con lo tuyo. Las flores, tus jazmines, el strudel, la caminata diaria con las vecinas, la jubilación digna, los sobrinos y los libros.
De ellos, de la fauna cavernícola, se ocupa la Señora Historia, como bien dice mi amigo Eduardo.

jueves, 6 de noviembre de 2014

Atrasos

Fue el viernes 31 de octubre al mediodía. En el noticiero de Canal 9 de Mendoza se transmitía una buena noticia, de esas que no abundan en la agenda televisiva nacional y provincial. Dejaron por un momento la crónica roja nuestra de cada día y le informaban a los televidentes, nos informaban, que los internos de la Penitenciaría provincial trabajaban en la restauración de "La Cuyanita", mítica e identitaria embarcación que circulaba, desde que este escriba era un pequeñín, las aguas del Lago del Parque San Martín, esa maravilla imaginada por el célebre Carlos Thays en 1896, para regocijo de turistas y residentes.
Hasta allí casi todo bien. Sólo me queda la duda acerca del salario que perciben los internos. Si son considerados como trabajadores o como presos. Es decir, no sé si el laburo que hacen es terapia ocupacional y entonces la plusvalía es justificación del Estado para mantenerlos hacinados o se los retribuye como a los trabajadores extramuros. No sé, pero no se vayan que ahora viene lo peor.
En el zócalo de la pantalla vimos, con estupor y frío vital: "El trabajo los hace libres" que, como cualquier periodista más o menos avisado sabe (o debería saber) remite a los campos de concentración nazis. Allí, en sus portones de acceso, los cachorros de Hitler exhibían su peor versión de la injuria. "Arbeit macht frei" leían los prisioneros judíos, comunistas, judíos no comunistas, comunistas no judíos, homosexuales comunistas, comunistas no homosexuales y los parientes y amigos de cada uno o una. También gitanos, socialistas, anarquistas y cristianos no nazis, por las dudas.
Que a esta altura del siglo XXI un zocalero, un jefe de noticias o el empleado de maestranza de un canal privado de una provincia en la que se está desarrollando el cuarto juicio por delitos de lesa humanidad no sepan del Holocausto es, por lo menos, preocupante. Y más aún si lo saben. Entonces quiere decir que, en serio, creen que el trabajo forzado, hasta el exterminio, liberaba a los prisioneros de los "läger". Empezó en Dachau y fue el responsable del campo, Theodor Eicke, el poseedor del triste mérito de inaugurar el frontispicio del horror que luego engalanaría Auschwitz, Sobibor, Birkenau, Arbeitsdorf, Breendonk, Breitenau, Buchenwald, Flossenbürg, Gross-Rosen, Kaufering/Landsberg, Klooga, Lwów, Mauthausen, Mittelbau, Natzweller, Neuengamme, Niederhagen, Plaszów, Ravensbrück, Riga, Sachsenhausen, Stutthof, Lager Sylt, Theresienstadt y Varsovia, enumerados así, por orden alfabético, para que se sepa de lo macabro, pero también de mis obsesiones por los detalles. Muchos de esos nombres son, o deberían ser, conocidos. Otros han quedado a la sombra de la historia, pero bien vale saber que por allí también anduvo la máquina del exterminio del capitalismo llevado a su más cruel expresión.
Se enojan y me insultan (nunca cara a cara, siempre por mensajes de texto o por teléfono) cuando digo que Mendoza atrasa. Pero debo reconocer que no es una característica exclusiva de mi querido terruño.
Cuando leo y veo que el Vaticano deplora la decisión de Brittany Maynard, la joven de 29 años, de terminar voluntariamente con su vida para evitar los padecimientos de un cáncer terminal e irreversible.
Cuando veo y leo que el volcánico Daniel Sabsay, Licenciado en Derecho y en Derecha, es designado asesor de la DAIA (algo así como el sheriff de la comunidad), la institución judía de derecha.
Cuando veo y leo que todavía en esta patria no se legaliza el aborto (¿Hace falta volver a decir que ninguna ley obligará a una mujer a abortar y que no se conoce caso alguno de mujeres que se hayan sometido a una interrupción voluntaria de embarazo con alegría y regocijo? Sí, parece que si hace falta).
Entonces comprendo que el atraso no es patrimonio exclusivo de la sociedad de estos medanales huarpes. Y que, en todo caso, si me duele el atraso de mi Mendoza es porque la amo y me gustaría verla y sentirla más solidaria y progresista, menos retrógrada e ignorante.
Cuando veo y leo tanta "mentira organizada", me da por pensar que volver a ver a "La Cuyanita" surcar las aguas de nuestro lago, no es atraso, precisamente. Es apenas el rescate de una buena costumbre de los tiempos de mi infancia.

miércoles, 29 de octubre de 2014

Píldoras

                                            (Especial para "La Tecl@ Eñe)
                                                                             A Rodolfo Braceli



No entiendo por qué tanto asombro. El líder de la CGT opositora, el despechado excamionero Hugo Moyano, vaticinó que el gobierno que surja de las elecciones generales de octubre de 2015 deberá recurrir a fuertes medidas de ajuste económico y social. Y que, en ese caso, la central síndicoempresarial que él conduce, acompañará esa política.
Digo, me parece, que no entiendo la sorpresa. Moyano es, se viste, piensa, come, se traslada, juega al fútbol, se lava los dientes, sonríe, negocia, especula, ve televisión, actúa en televisión, en fin, vive como un empresario cuya mercadería es la plusvalía de los trabajadores que simula representar. Ergo, no puede pensar de otra manera. Su ilógica lógica es la del ajuste y la única novedad es que ahora lo verbalice, lo explicite.

En la puerta del cementerio de San Isidro, en la provincia de Buenos Aires, el símil gremial de Moyano, el metalúrgico Antonio Caló, máximo dirigente de la CGT  dizque oficialista, atendió a la prensa luego del entierro de otro Antonio, Cafiero, mítico militante y exfuncionario peronista, que dejó la zona de la vida terrenal a los 92 pirulos, intensamente trajinados.
Caló utilizó varias veces la palabra "compañero" ante el enjambre de micrófonos y cámaras que le pedían honras fúnebres para el finado. En primer lugar, la condecoración fue para el protagonista de la necrológica, pero le otorgó también el galardón a Lorenzo Miguel, prototipo de caudillo sindical de su gremio, el de los metales, admirador confeso de Benito Mussolini, mañoso y pertinaz ejemplo de la deformación desclasada de propietario de uno de los sindicatos más poderosos surgidos al amparo del proceso de industrialización del primer peronismo.
Lo que sí me atragantó el arroz con pollo que disfrutaba en el almuerzo, fue que Caló agregó a la categoría de compañero a Carlos Menem. Así como lo lee, compañero o compañera. Hizo alusión a aquella interna que enfrentó al flamante óbito con el riojano horroroso, de cara a las presidenciales para suceder a Raúl Alfonsín. ¿Hace falta que enumere, a esta altura del ARSAT-1, la tremenda lista de iniciativas  con que el "compañero" Menem y sus secuaces doblegaron a los trabajadores argentinos, a su clase media, a la educación, la salud y la cultura en nombre del presumido ingreso al Primer Mundo? Creo que no. Por eso, me caló hondo el gesto, quizás inconsciente, de Caló.

"El desgobierno ha conducido a la Argentina a la caída libre". El autor de esta frase lapidaria es, nada más y nada menos, que el insigne Mario Vargas Llosa. Marqués de Nosedonde, premio Nobel de Literatura, frustrado presidente de Perú, militante neoliberal y novelista vip. El tipo regurgita estos ditirambos con una frecuencia que, para algunos, es muy útil y para otros, divertida, por decir algo.
Propongo, dada la importancia del emisor, que recordemos que los auténticos logros del escriba los recibió por su apego, trabajo y perfeccionamiento en el mundo de la ficción. Entonces, si ahora asimilamos y leemos sus dichos en esa clave, podremos desayunar tranquilos, con la sonrisa que acompaña cada sutileza de esas vacas sagradas de la literatura y el arte. Y así conservar algo del respeto y la admiración que nos produjeron, en su momento, las lecturas de "La casa verde", "Conversación en La Catedral",  "La fiesta del Chivo" y "El paraíso en la otra esquina".
Vargas, Varguitas como le decían en sus comienzos, suele preferir la fricción política a la ficción creativa. Le agrega una erre, de reaccionario. O sea, tomarlo como lo que es: identidad ideológica o divertimento novelístico.

El asunto es telefónico, parece. Ya me llamaron Julián Domínguez, Mauricio Macri y Sergio Massa. En realidad, sus voces, grabadas en un tiempo detenido en el tiempo, con un mensaje único en cada caso. Y a mí, vetusto aficionado a la dialéctica, al diálogo chispeante y espontáneo, me deja un gusto metálico en la boca no poder responderles con alguna sugerencia, una crítica mordaz o un elogio medido y humilde. Por eso me surge la respuesta, a veces salvaje e irreproducible. Para completar la falta de puntería, el señor diputado de los dientes impolutos, mandamás del municipio felino y conchetizado por los narcos, se le ocurrió importunarme en el preciso momento en que Teo Gutiérrez sellaba una nueva victoria de mi amado River Plate. Aproveché los festejos, más la efeméride del Día de la Madre y lo mandé derechito a que se reúna con la que lo parió. Pero no a modo de insulto, créame, sino como un deseo irrefrenable y recóndito.
Es que me crié en la época de mitines en la calle, en las esquinas de una Mendoza fervorosa y militante, viendo, escuchando y aprendiendo con Benito Marianetti y Ángel Bustelo, colosos de la oratoria popular, flameando verdades desde la tarima en tiempos de clandestinidad y peligro vital. Algo de esa mística han recuperado los jóvenes que llenan estadios y ganan espacios públicos, a partir de los festejos del Bicentenario, la despedida a Néstor y el hombro solidario ante ciertas catástrofes naturales.
Para colmo, o tal vez sin colmo, el mensaje despersonalizado de los dirigentes de hoy no dice nada, pura retórica, espuma de una cerveza livianita y publicitaria. Salvo Domínguez y su promesa de continuar apostando a la inclusión y el fortalecimiento del Estado, pero poco más que eso en los escasos segundos que van desde el saludo inicial hasta el "tu-tu-tu" de cierre..

La Policía de Mendoza, mata. En lugar de cuidarnos, mata. Y mata jóvenes, con una preferencia perversa, con la inmunda complicidad de funcionarios judiciales y políticos de distinta época, distinto rango e igual malformación moral. Siempre, desde siempre, son "casos aislados" dicen, ataques de locura homicida de individuos munidos de armas de fuego. Así justifica cada magistrado, cada jefe de la fuerza, cada ministro del área cuando se los enfrenta con la realidad de cadáveres púberes. Y claro, con otro signo distintivo que los hermana: son pobres. La lista de apellidos fúnebres amenaza con convertirse en interminable. Guardati, Bordón, Castañeda, Garrido, Baigorria, Gómez Yárdez, Neme, Ross, Aráoz, González, Gómez, Romagnoli, Cardulo, Zambrano, Rodríguez, Morán, Chandía, Díaz, Carrasco, Basualdo. Nómina incompleta que arranca en setiembre de 1989 y amenaza con  no terminar. Son los Luciano Arruga del país profundo, las víctimas de un método que es rémora calcificada de noches y días dictatoriales. Son forúnculos sociales que sólo con decisión política coherente podremos empezar a extirpar.

Mientras, parece que "El mundo se detuvo en Ébola", si se me permite la paráfrasis, y los yanquis envían milicos al África una vez más, y los cubanos médicos, una vez más, y algún laboratorio ya siente el aroma inconfundible de sus dividendos dolosos. Escribo de pie, como desde mis primeros años, como siempre.
Como nunca, desde hace una década.

lunes, 27 de octubre de 2014

Viene volando

                             "Junto a bodegas donde el vino crece
                              con tibias manos turbias, en silencio,
                              con lentas manos de madera roja,
                              vienes volando."
                                                                      Pablo Neruda


Hay médicos que no cursaron la materia Ingenio I. La mayoría, me temo. Por eso redactan los certificados mortuorios casi como un hecho burocrático. Paro cardiorrespiratorio escriben. ¡Qué vivos! (ya sé, es un chiste malo), si cuando alguien se va para los campos no elíseos el corazón se detiene y la respiración también. Nadie sabe de qué se muere el que se muere, porque la soledad es la única compañía segura para esos menesteres. Lo comenté con vos, Emilio, en varios cafés y vinos compartidos (los tuyos invariablemente tintos, los míos, blancos y muy poco). Hasta tratamos de imaginarnos cómo habría sido el instante fronterizo del Negro Fontanarrosa. Al divino botón. Y ahora yo me desespero por preguntarte, pero sé que no hay mejor respuesta que la experiencia propia y no tengo ningún apuro. Más bien al contrario. Me quedan, nos quedan, Emilio, muchos sábados a la sombra del sol de los amigos, muchos cumpleaños por recordarte cada 3 de julio, tantas cosas por festejar, tanta belleza femenina por suspirar que ni borrachos vamos a dejar que la Parca nos visite.
Sin ir más lejos, ayer a la noche estuve a punto de llamarte para compartir la alegría por Dilma, por Brasil y Uruguay, por todos los pobres de nuestra matria grande. Y empezaste a faltarnos. Es que aunque el expediente fúnebre cumpla su función nadie va a confesar que te fuiste en alcohol y tabaco porque así lo decidiste. Desde tu abdomen cervecero y tus bigotes pintados de nicotina, tu carcajada corta y aguardentosa, como los cuentos y relatos que, generosamente, nos regalaste a semanazo limpio.
Ya se ha escrito acerca del viaje tuyo, Emilio. Y está bien, cada fibra humana que tocó tu literatura tiene algo que decir y decirte. Aunque vos ya seas ceniza guardada. Pues me cago en la originalidad, esa seductora señora siempre vestida (o desvestida) para impresionar. No quiero ser original, no esta vez, no con vos que me tenés rejunado para estas lides de las letras.
Tus amigos seguiremos esperándote en el café. O esperando el mensaje que diga: "Me quedé escribiendo hasta tarde, no voy. Pórtense mal".
En fin, Emilio. Ahora me pregunto quién va a corregir mis textos, quién va a contarme tus fabulosos levantes, tus coitos espectrales con minas resucitadas, tus viajes a Villa Las Luces, las inundaciones en estos parajes de sequía infinita, tus incendios purificadores, tus proyectos infantiles con Laura y las malditas efemérides vendimiales, las que se llevaron a Silvia.
Me consuelo con Neruda, con la poética mentira de que vendrás volando, cigarrillo en mano, sólo y solitario. Y el consuelo entonces también se me hace ceniza.