martes, 30 de junio de 2015

Un tipo en estéreo

Al tipo le midieron la densidad de su osamenta porque parece que anda flojo de calcio. Después le ecografiaron las partes blandas (se solicita con humildad abstenerse de hacer comentarios graciosos o escatológicos porque no se trata de esas partes blandas) para tener un panorama más completo de su estado de párvulo de la ancianidad. También, el tipo, anda haciendo morisquetas con su mandíbula inferior por motivos que no quiere revelar, pero lo mantienen muy ocupado, dice, antes de que se conviertan en preocupante. En fin, el tipo comenzó a darle bolilla a su cuerpo desde que éste le hizo saber que ya era hora, pobrecito.
Cuando se cayó, a las diez y media de la mañana de ese jueves de miércoles y vino la ambulancia y de varios surtidores le brotaba su sangre en estéreo y lo llevaron al hospital y la tomografía dictaminó que no tenía nada en la cabeza (enfáticamente se renueva el pedido de guardar respetuoso silencio y no sacar conclusiones apresuradas y maliciosas) el tipo se dijo, en silencio y para adentro, que tal vez había llegado el momento adecuado para crecer de golpe. En fin, tomen esto último como una concesión fácil al chiste barato. Sigo.
Se dio cuenta, el tipo, que casi todo viene en estéreo. Los hemisferios cerebrales, los riñones, los pulmones, los ovarios, los testículos, las manos y las piernas, los ojos, los oídos y el Winco. Si hasta el corazón, que es único de cada cual, viene con dos partes más o menos simétricas. Zonceras que se puso a pensar gracias al reposo obligatorio. Y entonces descubrió que la vida toda le vino en estéreo. Tuvo dos hermanos, una mujer y un hombre, repitió la fórmula con sus hijos, dos perros amados, sólo dos veces votó a ganadores y así.
Vive con pocas certezas y muchas dudas, pero siempre que duda, duda en estéreo. Cuando se encuentra con obstinados personajes que se la saben todas saca de su disco rígido aquellos versos de Jorge Marziali: "Los dueños de la soberbia tenían siempre razón/ el no equivocarse nunca era su equivocación".
En el café, mientras Mauricio le servía su cortado mediano de siempre, escuchó una conversación ajena que venía de la mesa de al lado, la tercera de la derecha contando desde la escalera. Un tipo le decía a una mujer que él estaba convencido de que Angélica, la empleada (el tipo dijo sirvienta) se había embarazado para cobrar el plan, dijo. Que por eso no venía más a trabajar.Y que así se fomentaba la vagancia y que él quería que se terminen los privilegios para esos negros de mierda y que él se rompía el lomo (el tipo dijo culo) desde que era pendejo y que con los militares esto no pasaba y que la corrupción del gobierno era insoportable y que a él, en el negocio, lo perseguían los inspectores y que antes nadie le pedía comprobantes y el país era mejor, el granero del mundo, y hasta las mujeres quieren ser dueñas de su cuerpo y que ya no ponen en la radio ese bolero tan bonito que dice "Te vas porque yo quiero que te vayas/ a la hora que yo quiero te detengo/ yo sé que mi cariño te hace falta/ porque, quieras o no, yo soy tu dueño" que cantaba Eydié Gormé con el trío Los Panchos.
 Por eso, ante situaciones importantes y en las que olfatea quese juega el bienestar de los que siempre fueron convidados de piedra de nuestra sociedad él prefiere ser un tipo en estéreo que un estereotipo.

lunes, 22 de junio de 2015

Mediocres

No fui, no soy ni seré peronista. Fui, soy y seré comunista. En mi juventud y un poco más estuve afiliado a la Fede y al PC. Hoy me considero un comunista hormonal, según la definición del gran Saramago. Abrevo en Mariátegui, en Gramsci y en Luxemburgo, pero con los pies, la cabeza y el corazón en este tiempo y en nuestra casa latinoamericana. La diputada nacional oficialista Mara Brawer dice que "El kirchnerismo peroniza". En mi caso eso significa que pasé de gorila de izquierda a enamorado de "la paloma del vuelo popular" (esto se lo afané a Guillén), que empezó su viaje cuando, para mí, Néstor bajó los cuadros genocidas y se confirmó cuando Cristina enfrentó a los buitres, ponele. Dicho lo dicho paso a lo no dicho.
El peornismo (Verbitsky dixit) de las acequias y el malbec lo hizo. Esta derecha implícita le otorgó el voto popular a la derecha explícita del radicalismo pro. ¿Qué cómo lo hizo? Aquí empiezan las preguntas.
¿Cómo llegaron Paco Pérez y Carlos Ciurca a ser gobernador y vice de Mendoza, respectivamente? En un acuerdo de cúpulas encerrados en un hotel concheto, en reuniones en las que, tengo derecho a sospechar, hubo cópulas y zancadillas simbólicas, claro. Pero igual, después de confeccionar las listas fueron agraciados por una boleta electoral que encabezaba Cristina hace miles de años, en octubre de 2011. ¿Qué elector conocía al abogado prominero Pérez como para ungirlo gobernador? Llegaron, ellos y los intendentes, colgados del aluvión Cristina y el 54%. Y se van derrotados y nos arrastran en su derrota por descolgarse de ella. No hay demasiado misterio en el resultado electoral mendocino. Los dirigentes del PJ se comieron el amague del fin de ciclo. Algunos coquetearon con Sergio Massa cuando éste era la gran esperanza blanca del Grupo mafioso. Duró lo que dura un globo cuando mi perro le pone un diente. Después creyeron que Daniel Scioli ocuparía ese sitio y se apuraron en desdoblar las elecciones para conservar su quintita, pero el ubicuo gobernador los dejó en orsai y, más allá de sus especulaciones y las mías, está a un suspiro de ser el sucesor. Cuando Pérez, Ciurca y el candidato Bermejo, el gris, quisieron recular ya tenían las chancletas gastadas y era muy tarde para creerles.
También es justo decirlo. Ellos no son los mariscales de la derrota. El título les queda muy grande. Apenas si llegan a cabos. Pusilánimes, taimados y superficiales los capos del justicialismo local prefirieron las maniobras de Juan Carlos Mazzón, el Rasputín peronista, eyectado de su cargo en la Rosada después de la desobediencia temeraria de las directivas de su superior, precisamente por su actuación por estos pagos. Hicieron ostentación de su mentalidad municipal (esta definición es Mempo puro) y así les fue. Nos fue.
La gestión que se va resulta casi indefendible. En salud, en educación, en cultura se acumulan los papelones. Algunas figuras bordean el protofascismo. Por ejemplo, Antonio Cassia, un Carlos Ruckauf calvo o Guillermo Amstutz, el titular de la empresa estatal del agua, ultracatólico y antediluviano como Adolfo Bermejo, el aspirante a gobernador, que declaró que hoy votaría en contra del memorandum con Irán por el caso AMIA y se jacta de no haber acompañado como diputado nacional la Ley de Matrimonio Igualitario. Estos personajes con menos brillo que una estrella al mediodía deberían proceder a irse a laburar en algún oficio útil y dejar el espacio para la militancia, aquellos que entienden que el perfume de los nuevos vientos es juvenil, alegre y audaz. Para eso hace falta dignidad y el primer gesto no es muy auspicioso que digamos. El gobernador electo, Alfredo Cornejo, invitó al gobernador vigente, Paco Pérez, a desayunar en la casa de aquél. Aceptó sin chistar. La soberbia de uno encaja con la falta de dignidad del otro.
En fin, la sociedad mendocina cambió sí, pero de mediocres.l

martes, 16 de junio de 2015

En planta baja

Especial para "La Tecl@ Eñe"
                                                                                      A Marita Perceval, su generosa amistad



Que sólo me guste una de sus novelas; que nunca le haya creído su impostura de existencialista escéptico; que le noté siempre esa envidia larvada por la calidad literaria y el humor paradójico de Borges; que sostuve y sostengo que fue sobrevaluado, como escritor y figura pública. Todo eso es problema mío. Y me hago cargo.
A raíz de esa maravillosa demostración de coraje cívico que fueron las concentraciones multitudinarias contra los femicidios y toda forma de violencia de género en nuestro país, Chile y Uruguay bajo la consigna "Ni una menos", actitud masiva que demostró, una vez más, que la conciencia colectiva ha dado un salto de calidad inobjetable desde 2003 a la fecha, se desarchivó un archivo que lo muestra a él, a Ernesto Sábato, ante el conductor televisivo Nicolás Repetto. El autor de "El túnel" (esa es la novela a la que hago mención al comienzo de este textículo) dice: "¿Quién a veces no ha querido tirar a su mujer por la ventana?". De inmediato, y ante la sonrisa entre incrédula y perdonavidas del entrevistador, Sábato confirma: "No, lo digo en serio. Por eso yo vivo en planta baja". Supongo que la escena es contemporánea de aquel asesinato perpetrado por el boxeador Carlos Monzón quien, efectivamente, estranguló y arrojó a su pareja de entonces, Alicia Muñiz, por el balcón de la casa que habitaban, en febrero de 1988. Eso que los periodistas llaman apasionadamente "crimen pasional".
Ese exabrupto discriminador disfrazado de presunto humor corrosivo; el elogio al genocida Jorge Rafael Videla a la salida de aquella reunión junto a Jorge Luis Borges, el sacerdote Leonardo Castellani (el único que en la ocasión pidió por la vida de Haroldo Conti) y Horacio Ratti ("El general Videla me dio una excelente impresión. Se trata de un hombre culto, modesto e inteligente", dijo don Ernesto sin ponerse colorado); su aval a la perversa "teoría de los dos demonios", plasmado en el primer prólogo al libro "Nunca más", salido de su pluma como titular de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP). Eso, todo eso y más, ya no es problema sólo mío. Es un reflejo, una cabal demostración de la debilidad moral de ciertos referentes de un sector importante de la clase media nacional, esa clase que necesita tener en quien proyectarse, un ídolo, un espejo en el cual poder mirarse al anochecer de cada día, cuando la jornada apaga las luces y se encienden los televisores en cada hogar. En síntesis, lo que don Arturo Jauretche llamó, con su lucidez habitual, el mediopelo. A nivel global puede ser la monja albanesa, una princesa licenciada en caridad y beneficiencia que, además, tiene la virtud de morir trágicamente, o un santón hindú, pero en nuestras pampas ubérrimas y nuestros barrios privados el tótem suele ser un intelectual apadrinado por Mariano Grondona o un chupacirios similar.
Durante muchos años eso fue Sábato para buena parte  de la burguesía argentina, sostenido por sus años mozos, primero como líder juvenil comunista, luego como surrealista a la francesa y, sobre todo, bajo la marquesina de los premios Cervantes y Príncipe de Asturias. El espaldarazo político se lo dio Raúl Alfonsín al ponerlo a la cabeza de aquella comisión que recibió los testimonios de las víctimas del terrorismo de Estado.
El deterioro moral en el que ha caído el mediopelo actual tiene nombre y apellido. Hoy ese rol, el de su referente, se llama Jorge Lanata. Dos ejemplos tal vez alcancen para ilustrar lo que sostengo.
Para el mascarón de proa mediático del Grupo mafioso las mujeres consiguen lo que quieren abriéndose de gambas (son sus palabras, no las mías). Huelgan los comentarios porque los que se me ocurren tienen sabor amargo. Y no quiero manchar este día de otoño y sus amarillos cantarines.
En su reciente visita a Mendoza Cristina hizo mención a Acequia TV, el canal estatal provincial surgido bajo la luz de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. Al día siguiente, en su programa en Radio Mitre, el mercenario militante experiodista se burló (él y sus secuaces) del nombre del medio mendocino. Demostró, una vez más, una sólida ignorancia, un soberbio desprecio por la identidad de las culturas regionales y un centralismo ya crónico de quien es un cabal heredero ideológico de los Rivadavia, los Mitre y los Roca que supimos conseguir.
Brevemente les refresco la memoria, las acequias son las venas líquidas, los cauces de regadío de un desierto que distribuye el agua, ese elixir vital y ancestral, originado en la cultura civilizatoria del pueblo huarpe que, aún hoy, nos define ante el mundo. Pero él cree que esta tierra produce sólo vino tinto , o totín como dijo en la ocasión.
Que la señora de los ruleros que mira en estado de éxtasis los almuerzos bobos, el lector de Paulo Coelho, el votante de un radicalismo en alquiler, el tipo que desprecia al otro por portación de cara, ese minúsculo ser atrapado en las mentiras nuestras de cada día, que haya pasado su idolatría de Sábato a Lanata sin estaciones intermedias es como descender de planta baja al segundo subsuelo en el edificio en construcción de la conciencia ciudadana.
Al menos el escritor de Santos Lugares cargaba en su mochila vital un bagaje cultural y una erudición que el pichón de Magnetto cambió por dinero y nada más.

miércoles, 10 de junio de 2015

Brazo extendido, puño cerrado

"Es el nefasto poder del sectarismo, que transforma a nuestra verdad exclusiva y revelada en la única verdad posible, y que hace que todo aquel que deja de pensar como nosotros pasa a la categoría de traidor, de tránsfuga, de chanta, de hijo de puta, de desertor, etc."
                                                                                                        Envar El Kadri


Un grupo de manifestantes que dicen ser de izquierda, "la" izquierda, quemó un muñeco con la imagen de Hebe Pastor de Bonafini. Fue en el atardecer del 23 de marzo pasado, en la víspera del aniversario del Golpe genocida. Sucedió en La Plata, capital de la provincia de Buenos Aires.
Si esto fuese un poema debería llamarse "Aplausos" y podría leerse así
Se oyen los aplausos de los gusanos
del cadáver de Videla,
festejan con aplausos los gusanos
del cadáver de Martínez de Hoz.
Bailan y aplauden
solidariamente
los gusanos del cadáver de Pinochet.
Mientras esperan su turno
aplauden los gusanos del futuro cadáver
de Cecilia Pando.
Quiere sumar los suyos
el Tata Yofre.
Y el muy patricio
Julio Bárbaro acomoda sus fétidos bichos.
La señora que almuerza en televisión
también aplaude, ella ya agusanada.
Mariano Grondona filosofa en latín con sus
entrañas descompuestas de la risa.
Los que Tejada Gómez catalogó, poéticamente, como que
""confunden la historia con la histeria";
los que Mario Trejo etiquetó
como la izquierda cuando es siniestra,
ellos, los fachos de la revolución impoluta,
acompañaron a uno de sus jefes,
un tal Wermus, de nombre artístico Altamira,
a disertar en Harvard, bajo el paraguas de dólares
de la Fundación Rockefeller.
Son los sabios, los izquierdistas liberales, los neoizquierdistas del neoliberalismo.


Escribí el fragmento anterior iluminado por el fuego "purificador" de aquel acto maldito y cobarde. Después, varios días después, el brazo político de los payasos del fósforo cometió sincericidio. Dijo, en uno de las usinas ideológicas de la globalizada máquina de producir gerentes de las finanzas especulativas, la Universidad de Harvard, que venía a desmentir un mito. Los izquierdistas no son estatistas, afirmó el señor Wermus, alias Altamira. Más bien militan por la desaparición del Estado, para regocijo de las autoridades de la Sociedad Rural Argentina y sus galas con olor a bosta de Hereford, Shortorn o de la más gaucha Holando Argentina.

Y para confirmar su testimonio los congresales del palo (más la diputada Victoria Donda, la que perdonó a su apropiador en un gesto de cristiana sumisión psicoanalítica) tuvieron la distinción de ser los únicos cuatro diputados que se opusieron a la reestatización de Ferrocarriles Argentinos. En rigor de verdad, pretenden que los trenes, esos articuladores sociales de rica historia nacional, sean administrados por los obreros. Pensar que uno de los dirigerentes emblemáticos del gremio se apellida Sobrero, pero no sé si es obrero. O es sobrero, un rubio oxigenado coleccionista de sobres.
Y para que la incongruencia tenga el moñito apropiado el senador nacional Fernando Solanas, que también dice ser la izquierda más pura que se consiga en plaza, votó contra la reestatización del servicio ferroviario argentino.
Lo que más me preocupa (si es que a alguien le preocupa lo que me preocupa) es que desde las páginas, los micrófonos y las cámaras de gente que admiro y siento mis compañeros y compañeras se siga expresando que "la izquierda" cortó tal ruta, los accesos a la ciudad, votó o dejó de votar tal iniciativa. No están los tiempos para andar regalando conceptos, lenguaje y contenidos. La palabra, esa gema cultural que nos constituye, sufre horrores cada vez que la maltratan. Llora lágrimas de ideología y se le estruja el corazón ancestral.
Mientras tanto, Piñón Fijo sigue dando lecciones de izquierdismo infantil y gestual con notable éxito de público.

martes, 19 de mayo de 2015

Me voy

Él me condecoró con su amistad. Y con esa condecoración en el pecho, pero por el lado de adentro, es que participaré como panelista en el acto que, organizado por el Grupo de Amigos del Español de Naciones Unidas, se realizará el próximo 26 de mayo en la sede de la ONU, en Nueva York, bajo el título "La importancia del multilingüismo en la literatura: Conmemoración a la vida y obra de Eduardo Galeano".
La invitación surge de un gesto generoso de Marita Perceval, la embajadora argentina ante el organismo internacional, y me llena de una responsabilidad y orgullo que ojalá sepa corresponder.
Así que allá vamos, Celia y yo, a rendir tributo a nuestro amigo "sentipensante", el uruguayo de todos, cuya obra, parafraseando a Liliana Herrero, nos espera en el futuro.
Al regreso les cuento.

lunes, 11 de mayo de 2015

Dicen

Se conmemoraron los 70 años del fin de la Segunda Guerra Mundial. El 2 de mayo de 1945 las tropas soviéticas entraron en Berlín, tomaron el Reichstag y marcaron, con ese gesto, las últimas horas de un conflicto que dejó más de 60 millones de muertes, desplazamientos poblacionales y un impresionante reguero de destrucción material y moral. Algunos politólogos, y científicos sociales destacan el uso del fenomenal avance tecnológico al servicio de la mayor perversión histórica hasta ese momento. Entonces, fin de esa guerra, pero no del nazismo, como se comprueba cotidianamente.
Existe una fotografía emblemática que eterniza el día. En el número 605, del 2 de mayo de 2015, Ñ, la Revista de Cultura del Diario Clarín, se reproduce esa imagen. El epígrafe cuenta que el nombre del fotógrafo, Yevgeni Jaldéi, se conoció públicamente recién a la caída de la URSS. Y aquí empiezan los "dicen". Dicen que al soldado que agita la bandera soviética en la cúspide del Parlamento alemán le han borrado varios relojes de sus muñecas, en obvia alusión a un presunto acto de pillaje. Y, para rematar, dicen que el humo de fondo fue agregado para darle más dramaticidad a las imágenes. Dice la revista que dicen.
Dicen, el ADN periodístico del Grupo empresarial, esta vez sólo para joder el festejo. Si hubiese sido el 7° de Caballería y los muchachos de John Wayne los que plantaban la bandera de las estrellas entre las piernas de Marlene Dietrich, no habría ningún dicen. Pero la bandera es roja y se le nota con nitidez la hoz y el martillo.
Ahora, ¿quiénes y en dónde, cuándo dicen? No importa, dicen.

Estoy en Buenos Aires, desayuno con medialunas porteñas y la radio encendida. El dial cae en Radio Mitre, el periodista a cargo se llama Marcelo Longobardi. Opina y está bien, es lo que nos corresponde hacer. Opinar, no mentir. Dice que va a comentar un proyecto de ley de un diputado oficialista de la Provincia de Buenos Aires. Es del ámbito educativo, la iniciativa digo, y noto que el colega, el periodista digo, no menciona el nombre del legislador. Ninguneo, se llama esa actitud en mi barrio. Pero vamos al asunto.
El proyecto del ignoto promueve que, además de la evaluación tradicional que hacen los docentes a los alumnos, puedan invertirse los términos y éstos opinen acerca de la calidad con que reciben las enseñanzas. Gran escándalo, fin de las jerarquías, se cae el sistema de convivencia civilizada, horror, el comunismo redivivo nos acecha, un fantasma recorre las aulas argentinas.
Pero no termina ahí el despropósito de estos igualitarios de morondanga. Se plantea la obligación de que en las aulas bonaerenses se enseñe al menos una lengua de pueblos originarios. Y entonces, con voz circunspecta y el tradicional "con todo respeto", Longobardi aclara que está bien, pero ya es una cuestión más demagógica y retórica que efectiva porque los pueblos originarios ya fueron, son cosas archivadas en el baúl de la historia y, por lo tanto, la propuesta no tiene relevancia.
Con la contundencia de un cachetazo ideológico, clasista y mercantil escucho que ese bloque ha sido auspiciado por "Té Cachamai" que, hasta donde mi poca sabiduría alcanza, no es un término sajón.

miércoles, 15 de abril de 2015

Nunca en el bronce

Al principio no pude. No, fue un día nublado por dentro, con tanto río de lágrimas, con esa necesidad de abrazarse imposible de poner en palabras. Ahora, no sé, pero quiero intentarlo. Ahí va.
En la noche anterior a la muerte de Eduardo Galeano vi y escuché al vicegobernador de la provincia de Buenos Aires, Gabriel Mariotto, poner una cuota de poesía en medio de una campaña electoral. A aquella frase ya mítica que Litto Nebbia convirtió en canción y que dice que "La historia la escriben los que ganan", el militante peronista, siempre optimista, un político inteligente y un académico de la comunicación popular, expresó que "La historia la ganan los que escriben".
Y a la mañana siguiente se nos murió Eduardo.  Premonitorio, don Gabriel.
Todos lo tuvimos de compañero, de amigo, de compinche. No, todos no. Los humillados, los desheredados del sistema, los mineros bolivianos, las mujeres maltratadas, los bosques talados, las minorías ninguneadas, los nadies.
Tuve, tengo, el privilegio de saberlo mi amigo. Él me lo dijo y atesoro aquella noche en casa, a Helena cuidándolo y amándolo delante de todos. Llenó nuestro hogar de anécdotas, se emocionó con las que contó y le contamos, se bebió el vino que, a raudales, le fuimos regalando. Pero, sobre todo, nos dio una lección de humildad sin posturas ni gestos de divo, a cara lavada. Había llegado a Mendoza para recibir el Honoris Causa de la Universidad Nacional de Cuyo a propuesta de Ernesto Espeche, por entonces Director de la carrera de Comunicación Social en la Facultad de Ciencias Políticas. Esa tarde, la del 24 de marzo de 2011, marchó junto a miles detrás de las Madres y los organismos de derechos humanos para recordar a nuestros compañeros y reclamar que la sede del D2 sea lugar de memoria, verdad y justicia. Reclamo aún hoy vigente y promesa incumplida.
Pero, ¿por qué estoy escribiendo estas obviedades, esta crónica que cualquiera puede buscar en los archivos periodísticos de esa fecha? ¿A alguien puede interesarle saber que la única entrevista personal que dio en Mendoza, ante Alejandro Rotta, para el canal de televisión universitario, y ante quien les cuenta el episodio, para Radio Nacional Mendoza, haya sido publicada en el diario Los Andes al día siguiente, con la firma de Mariana Guzzante, sin mención alguna a las fuentes? Es decir, un vulgar afano, al mejor estilo Clarín, cuya sucursal es Los Andes en Mendoza.
Cuando terminen los rituales de la despedida, cuando se apaguen las luces y se vayan sus amigos y el pueblo uruguayo a seguir con sus tareas cotidianas, cuando Helena se despierte y no tenga a quien contarle su sueño de esa noche, cuando suene el teléfono ante mi llamada y la voz de Eduardo ya no me salude, cuando vuelva a Montevideo y el Brasilero se muera de ausencia, entonces, recién entonces habrá que empezar a darse cuenta, tendré que darme cuenta, que mi "siempre amigo" no está más.
Si sus libros acompañaron a los presos como alivio a las torturas (¿no es cierto Silvia?), si aquel guerrillero salvadoreño murió con sus venas abiertas y tus "venas abiertas" cubriéndole el pecho ante la bala asesina, habrá que prometerse, que prometernos, que nunca, por favor nunca jamás pongamos a Galeano en un pedestal, en un monumento, en una lápida, en ningún bronce. ¿Por qué, para qué? Su nombre y sus libros alimentarán las bibliotecas populares, los bares y cafés, los teatros, los colegios y universidades, los hogares de los refugiados, las casas de amparo de las mujeres violentadas, los muros del mundo, el potrero donde los gurises patean su pelota de fútbol.
Como no queremos que se lo inmovilice en bronces vamos por el abrazo a sus libros, por el fuego de su memoria, por los días de nuestros hijos de esta América que tiene, desde ahora y para siempre, a Eduardo Galeano alimentando el caudal de sangre roja en sus venas.