miércoles, 29 de octubre de 2014

Píldoras

                                            (Especial para "La Tecl@ Eñe)
                                                                             A Rodolfo Braceli



No entiendo por qué tanto asombro. El líder de la CGT opositora, el despechado excamionero Hugo Moyano, vaticinó que el gobierno que surja de las elecciones generales de octubre de 2015 deberá recurrir a fuertes medidas de ajuste económico y social. Y que, en ese caso, la central síndicoempresarial que él conduce, acompañará esa política.
Digo, me parece, que no entiendo la sorpresa. Moyano es, se viste, piensa, come, se traslada, juega al fútbol, se lava los dientes, sonríe, negocia, especula, ve televisión, actúa en televisión, en fin, vive como un empresario cuya mercadería es la plusvalía de los trabajadores que simula representar. Ergo, no puede pensar de otra manera. Su ilógica lógica es la del ajuste y la única novedad es que ahora lo verbalice, lo explicite.

En la puerta del cementerio de San Isidro, en la provincia de Buenos Aires, el símil gremial de Moyano, el metalúrgico Antonio Caló, máximo dirigente de la CGT  dizque oficialista, atendió a la prensa luego del entierro de otro Antonio, Cafiero, mítico militante y exfuncionario peronista, que dejó la zona de la vida terrenal a los 92 pirulos, intensamente trajinados.
Caló utilizó varias veces la palabra "compañero" ante el enjambre de micrófonos y cámaras que le pedían honras fúnebres para el finado. En primer lugar, la condecoración fue para el protagonista de la necrológica, pero le otorgó también el galardón a Lorenzo Miguel, prototipo de caudillo sindical de su gremio, el de los metales, admirador confeso de Benito Mussolini, mañoso y pertinaz ejemplo de la deformación desclasada de propietario de uno de los sindicatos más poderosos surgidos al amparo del proceso de industrialización del primer peronismo.
Lo que sí me atragantó el arroz con pollo que disfrutaba en el almuerzo, fue que Caló agregó a la categoría de compañero a Carlos Menem. Así como lo lee, compañero o compañera. Hizo alusión a aquella interna que enfrentó al flamante óbito con el riojano horroroso, de cara a las presidenciales para suceder a Raúl Alfonsín. ¿Hace falta que enumere, a esta altura del ARSAT-1, la tremenda lista de iniciativas  con que el "compañero" Menem y sus secuaces doblegaron a los trabajadores argentinos, a su clase media, a la educación, la salud y la cultura en nombre del presumido ingreso al Primer Mundo? Creo que no. Por eso, me caló hondo el gesto, quizás inconsciente, de Caló.

"El desgobierno ha conducido a la Argentina a la caída libre". El autor de esta frase lapidaria es, nada más y nada menos, que el insigne Mario Vargas Llosa. Marqués de Nosedonde, premio Nobel de Literatura, frustrado presidente de Perú, militante neoliberal y novelista vip. El tipo regurgita estos ditirambos con una frecuencia que, para algunos, es muy útil y para otros, divertida, por decir algo.
Propongo, dada la importancia del emisor, que recordemos que los auténticos logros del escriba los recibió por su apego, trabajo y perfeccionamiento en el mundo de la ficción. Entonces, si ahora asimilamos y leemos sus dichos en esa clave, podremos desayunar tranquilos, con la sonrisa que acompaña cada sutileza de esas vacas sagradas de la literatura y el arte. Y así conservar algo del respeto y la admiración que nos produjeron, en su momento, las lecturas de "La casa verde", "Conversación en La Catedral",  "La fiesta del Chivo" y "El paraíso en la otra esquina".
Vargas, Varguitas como le decían en sus comienzos, suele preferir la fricción política a la ficción creativa. Le agrega una erre, de reaccionario. O sea, tomarlo como lo que es: identidad ideológica o divertimento novelístico.

El asunto es telefónico, parece. Ya me llamaron Julián Domínguez, Mauricio Macri y Sergio Massa. En realidad, sus voces, grabadas en un tiempo detenido en el tiempo, con un mensaje único en cada caso. Y a mí, vetusto aficionado a la dialéctica, al diálogo chispeante y espontáneo, me deja un gusto metálico en la boca no poder responderles con alguna sugerencia, una crítica mordaz o un elogio medido y humilde. Por eso me surge la respuesta, a veces salvaje e irreproducible. Para completar la falta de puntería, el señor diputado de los dientes impolutos, mandamás del municipio felino y conchetizado por los narcos, se le ocurrió importunarme en el preciso momento en que Teo Gutiérrez sellaba una nueva victoria de mi amado River Plate. Aproveché los festejos, más la efeméride del Día de la Madre y lo mandé derechito a que se reúna con la que lo parió. Pero no a modo de insulto, créame, sino como un deseo irrefrenable y recóndito.
Es que me crié en la época de mitines en la calle, en las esquinas de una Mendoza fervorosa y militante, viendo, escuchando y aprendiendo con Benito Marianetti y Ángel Bustelo, colosos de la oratoria popular, flameando verdades desde la tarima en tiempos de clandestinidad y peligro vital. Algo de esa mística han recuperado los jóvenes que llenan estadios y ganan espacios públicos, a partir de los festejos del Bicentenario, la despedida a Néstor y el hombro solidario ante ciertas catástrofes naturales.
Para colmo, o tal vez sin colmo, el mensaje despersonalizado de los dirigentes de hoy no dice nada, pura retórica, espuma de una cerveza livianita y publicitaria. Salvo Domínguez y su promesa de continuar apostando a la inclusión y el fortalecimiento del Estado, pero poco más que eso en los escasos segundos que van desde el saludo inicial hasta el "tu-tu-tu" de cierre..

La Policía de Mendoza, mata. En lugar de cuidarnos, mata. Y mata jóvenes, con una preferencia perversa, con la inmunda complicidad de funcionarios judiciales y políticos de distinta época, distinto rango e igual malformación moral. Siempre, desde siempre, son "casos aislados" dicen, ataques de locura homicida de individuos munidos de armas de fuego. Así justifica cada magistrado, cada jefe de la fuerza, cada ministro del área cuando se los enfrenta con la realidad de cadáveres púberes. Y claro, con otro signo distintivo que los hermana: son pobres. La lista de apellidos fúnebres amenaza con convertirse en interminable. Guardati, Bordón, Castañeda, Garrido, Baigorria, Gómez Yárdez, Neme, Ross, Aráoz, González, Gómez, Romagnoli, Cardulo, Zambrano, Rodríguez, Morán, Chandía, Díaz, Carrasco, Basualdo. Nómina incompleta que arranca en setiembre de 1989 y amenaza con  no terminar. Son los Luciano Arruga del país profundo, las víctimas de un método que es rémora calcificada de noches y días dictatoriales. Son forúnculos sociales que sólo con decisión política coherente podremos empezar a extirpar.

Mientras, parece que "El mundo se detuvo en Ébola", si se me permite la paráfrasis, y los yanquis envían milicos al África una vez más, y los cubanos médicos, una vez más, y algún laboratorio ya siente el aroma inconfundible de sus dividendos dolosos. Escribo de pie, como desde mis primeros años, como siempre.
Como nunca, desde hace una década.

lunes, 27 de octubre de 2014

Viene volando

                             "Junto a bodegas donde el vino crece
                              con tibias manos turbias, en silencio,
                              con lentas manos de madera roja,
                              vienes volando."
                                                                      Pablo Neruda


Hay médicos que no cursaron la materia Ingenio I. La mayoría, me temo. Por eso redactan los certificados mortuorios casi como un hecho burocrático. Paro cardiorrespiratorio escriben. ¡Qué vivos! (ya sé, es un chiste malo), si cuando alguien se va para los campos no elíseos el corazón se detiene y la respiración también. Nadie sabe de qué se muere el que se muere, porque la soledad es la única compañía segura para esos menesteres. Lo comenté con vos, Emilio, en varios cafés y vinos compartidos (los tuyos invariablemente tintos, los míos, blancos y muy poco). Hasta tratamos de imaginarnos cómo habría sido el instante fronterizo del Negro Fontanarrosa. Al divino botón. Y ahora yo me desespero por preguntarte, pero sé que no hay mejor respuesta que la experiencia propia y no tengo ningún apuro. Más bien al contrario. Me quedan, nos quedan, Emilio, muchos sábados a la sombra del sol de los amigos, muchos cumpleaños por recordarte cada 3 de julio, tantas cosas por festejar, tanta belleza femenina por suspirar que ni borrachos vamos a dejar que la Parca nos visite.
Sin ir más lejos, ayer a la noche estuve a punto de llamarte para compartir la alegría por Dilma, por Brasil y Uruguay, por todos los pobres de nuestra matria grande. Y empezaste a faltarnos. Es que aunque el expediente fúnebre cumpla su función nadie va a confesar que te fuiste en alcohol y tabaco porque así lo decidiste. Desde tu abdomen cervecero y tus bigotes pintados de nicotina, tu carcajada corta y aguardentosa, como los cuentos y relatos que, generosamente, nos regalaste a semanazo limpio.
Ya se ha escrito acerca del viaje tuyo, Emilio. Y está bien, cada fibra humana que tocó tu literatura tiene algo que decir y decirte. Aunque vos ya seas ceniza guardada. Pues me cago en la originalidad, esa seductora señora siempre vestida (o desvestida) para impresionar. No quiero ser original, no esta vez, no con vos que me tenés rejunado para estas lides de las letras.
Tus amigos seguiremos esperándote en el café. O esperando el mensaje que diga: "Me quedé escribiendo hasta tarde, no voy. Pórtense mal".
En fin, Emilio. Ahora me pregunto quién va a corregir mis textos, quién va a contarme tus fabulosos levantes, tus coitos espectrales con minas resucitadas, tus viajes a Villa Las Luces, las inundaciones en estos parajes de sequía infinita, tus incendios purificadores, tus proyectos infantiles con Laura y las malditas efemérides vendimiales, las que se llevaron a Silvia.
Me consuelo con Neruda, con la poética mentira de que vendrás volando, cigarrillo en mano, sólo y solitario. Y el consuelo entonces también se me hace ceniza.

miércoles, 8 de octubre de 2014

Tulio, el hostil

                                                                   A Felipe Pigna, el historiador. Mi amigo.



Estuve tentado, pero no, no voy a comenzar este textículo como se acostumbra cada vez que uno tiene guardado un buen número de epítetos y ofensas. Para esos casos la máscara funciona así: "Con todo respeto..." y de inmediato viene la catarata de insultos y un surtido de adjetivos peyorativos. Le acaba de suceder a Fernando "Pino" Solanas respecto de Cristina. Después del cliché, le dice "impostora, ignorante o hipócrita". Pero "con todo respeto". Ese sentimiento profundo e intenso de repulsa hacia alguien que provoca el deseo de producirle un daño o de que le ocurra alguna desgracia, el odio, los hace irse al pasto.
Aunque existen casos más sutiles, sofisticados y hasta con un aura de nivel académico. Es el caso del artículo de tapa de la revista "Noticias", de la Editorial Perfil, del 4 de octubre pasado. "Manuel Belgrano: el héroe que no fue" es el título de la nota, impreso sobre la imagen del prócer y con un lacre ostentoso en su lado derecho. Además, en tipografía menor, resume los piropos: lo trata de "incompetente, fantasioso, egocéntrico y sin sentido común". Como si se tratara del chico de los mandados del Señor Director de la casa editorial, don Jorge de la Fuente Vieja. Sobre el final de la presentación se deschava que Belgrano es el preferido de CFK, así dice. Ergo, si éste impresentable es la debilidad de la Morocha se deduce que la mina tiene en su álbum a la galería de los peores y eso explicaría cómo es ella.
Que a esta altura del milenio que recorremos uno tenga que salir a bancar a don Manuel es más raro que encontrar una palmera caribeña en Ischigualasto, pero parece que los caminos de la batalla cultural son inescrutables. Habrá que recordar, siguiendo las enseñanzas de Felipe Pigna, que Belgrano fue el más fervoroso impulsor de una política de fomento a la industria dentro de los artífices de Mayo de 1810, de una verdadera Reforma Agraria basada en la expropiación de las tierras baldías e improductivas a favor de los desposeídos, de la creación de escuelas de náutica y matemática, un fervoroso defensor de una más justa distribución de la riqueza y un ser humano de una contagiosa humildad y generosidad. Basta el ejemplo de los 40.000 pesos oro de recompensa por su tarea al frente del Ejército del Norte que donara para la construcción de escuelas. Al día de hoy sería el equivalente a unos 120 millones de pesos, pero el destino de su donación recién se vino a cumplir en la década de los 90 del siglo pasado. Humilde sí, pero también subversivo y rebelde. Cualquiera de nuestros escolares sabe quién fue el creador de la bandera nacional, pero no se termina de enseñar que ese acto fue un gesto de rebeldía ante la pusilánime actitud política de los señores del puerto. Todo el territorio nacional está lleno de calles, plazas, pueblos, puentes, montes, lagos y lagunas, almacenes y tintorerías, bares y comederos, edificios y esquinas que llevan su nombre, la mayoría haciendo alusión a su rol de General, otra de las facetas de generoso patriotismo de quien siendo un intelectual de fuste puso al servicio de nuestra libertad sus magras dotes de soldado, pero su firme vocación de patriota. Allí están sus derrotas, Vilcapugio (1/10/1813) y Ayohuma (14/11/1813), pero sobre todo Salta (20/2/1813) y Tucumán (24 y 25/9/1812) para cerrar la frontera norte al avance realista.
Lo sorprendente, o no, es que el artículo mencionado lleva la firma de Tulio Halperín Donghi, uno de los catedráticos más renombrados del país y que, para la ocasión, pone en juego su prestigio y los más de 23 libros publicados, desde aquel de 1951, "El pensamiento de Echeverría" hasta "La República imposible 1930-1945", de 2004. O el más reciente, "Testimonio de un observador participante" (Prometeo, 2014).
Su nombre, Tulio, me hizo cosquillas en la memoria. Fui al disco rígido de mi cerebro y apareció el tercer Rey de Roma, Tulio Hostilio, un señor particularmente belicoso, dicen los libros de Historia, ellos que no muerden. No sé si de ahí deriva el término hostil o es al revés, que al tipo le pusieron Hostilio porque era pendenciero, pero seguí hurgando en su biografía. En la de nuestro historiador, digo. Y leo que nació un 27 de octubre de 1926. La cuestión es que don Halperín y doña Donghi le pusieron Tulio al cachorro y así quedó marcado para las páginas de las celebridades académicas. Entonces traté de imaginar cómo habrá festejado su cumpleaños número 84. Mientras él y sus seres queridos descorchaban un espumante de alta gama para brindar por la vida, la obra, la lucidez y la buena salud del profesor universitario, el pueblo argentino comenzaba a transitar uno de los momentos más tristes y, a la vez, militantes de la época. Moría Néstor y la calle se llenaba de llanto y compromiso.
Las tapas de la revista Noticias ya son un clásico del periodismo berreta e irrespetuoso. "La reina está desnuda", "El goce de Cristina", las referencias a una supuesta enfermedad psiquiátrica de la presidenta, el burdo ataque a Víctor Hugo Morales, las burlas a Máximo Kirchner y tantas más pueden formar parte de un muestrario de groserías periodísticas de estudio. Que un anciano a punto de cumplir 88 años, cargado de laureles y oropeles, rife su prestigio por el odio de clases de un conglomerado comunicacional puede indicar dos cosas, al menos. O participa a conciencia del combate ideológico, a favor del pensamiento reaccionario de la publicación. O está gagá y lo utilizan a mansalva.
En todo caso, el tiro por elevación y la hostilidad, son evidentes.Así que ya saben chicos, Belgrano es malo y no le hagan caso a Felipe Pigna y, mucho menos, a la presidenta. Ellos también son muy malos.

miércoles, 10 de septiembre de 2014

El señor Klon

Es la panadería de un barrio coqueto. Casas con jardín delantero, enanitos de yeso que adornan esos verdes, mucamas y custodios de uniforme. Los dueños de las propiedades del barrio coqueto aspiran a que se las considere suntuosas. Aspiran, varios y varias aspiran, pero no importa.
La panadería del señor Klon tiene algunas características que desentonan con el ambiente. Sus productos no responden a los nombres tradicionales de los comercios del ramo en la ciudad. Así, las medialunas se llaman "Arafat" y las hay de manteca, pero las otras son de Gaza y cada vez que el maestro panadero saca una tanda del horno Klon se larga a llorar con lágrimas tristes, no hay masas secas y masas finas, hay masas populares, la variedad de nombres que identifican a los bombones es llamativa. Uno, con licores picantes en su relleno, se llama "Molotov" y tiene una mecha de hojaldre, seca o mojada, según lo prefiera el consumidor. El de chocolate negro, "Malcolm X". El de chocolate blanco, "Karl Marx", con nombre y apellido. Cada vez que alguien pide, dice "Dame un Molotov" o "Me llevo media docena de Marx", el clima se puede cortar con un cuchillo. Y así.
Las señoras de la coqueta avenida tienen la costumbre de ir ellas a la panadería. Les encanta sufrir. Dejan a las empleadas (se han propuesto subirlas de categoría y las denominan cosmetólogas de piso. Una paquetería) a cargo de la limpieza de sus hogares (los de las señoras) y se reúnen a comentar las ocurrencias del señor Klon. Se las nota muy nerviosas. Es que la torta más importante de la panadería se llama "17 de octubre" y se venden tortitas, pero de a 115 como mínimo y las entregan envueltas en un pañuelo blanco, siempre.
Los señores llegan al atardecer y se sientan a dialogar en el Club House que, paradójicamente, mira al frente del local del señor Klon. Uno de ellos, gerente de la sucursal de una multinacional financiera, tiene pasión por los sacramentos. Por los de panadería, claro. Ocurre que están en exposición bajo un cartelito primoroso que dice "Voltaire". Su vecino prefiere las rosquillas, que en este negocio responden al curioso nombre de "Bukowski". Los paterfamilias de nuestra historia no entienden por qué les crece la angustia a medida que van consumiendo las exquisiteces que ofrecen el señor Klon y sus compañeros. Pese a que riegan las colaciones vespertinas con cognac importado y whisky, al que el muy pícaro de Klon le ha cambiado la etiqueta de nombre sajón por "González Tuñón", sufren de ataques de ira y confusión, creen ver hordas de niños con computadoras y morochos viajando hacia las playas. Cuando, al final de la jornada, regresan a la seguridad de sus alfombras y paredes tapizadas, entre sábanas perfumadas y espejos implacables, siguen intentando comprender qué hace el señor Klon para ponerlos así. Justo a ellos que necesitan paz y armonía para poder cerrar esa transacción con las Islas Caimán o remarcar la mercadería a despachar mañana.
Nunca lo van a entender porque el señor Klon hace pan.

lunes, 1 de septiembre de 2014

Mis superhéroes

Es el segundo de los tres hijos de mi hijo. El mayor de los varones. Juan tiene tres años y medio y una inteligencia y dulzura que nos provoca mucho orgullo y ternura. Luciano, mi hijo y su padre, llega del trabajo y Juan le pide jugar a los superhéroes.
-Bueno, dale. ¿Vos quién sos?
- Yo soy Spiderman, dice Juan.
- Yo soy Thor. Empezá vos, hijo.
Luego de una pausa chiquita como su sonrisa, Juan dice
- Te amo.
El padre, sorprendido y conmovido, le contesta
- Yo también te amo.
Spiderman y Thor se retiraron a sus aposentos (el baúl de los juguetes), abrumados por la escena. Y yo, con los ojos humedecidos por la lluvia imaginaria de la vida, se los cuento para que sepan que vivo en un país con buena gente. Sin superhéroes de juguete.

viernes, 22 de agosto de 2014

Un exabrupto del inconsciente

Desde hace un tiempo, corto, ciertas cosas que deberían producirme bronca, mal humor y acidez estomacal me causan gracia. Debe ser la edad, me dijo un amigo más viejo que yo. Si él lo dice. Veamos algunos ejemplos y ustedes piensen lo que quieran. Como siempre, como debe ser.
Un grupo de digerentes gremiales (ante el escribano público Don Otario Proctocólogo doy fe de que no hay error de tipeo) declara un paro nacional en la Argentina desde Bulgaria. Una vulgaridad, me comenta Emilio, tan filósofo filoso. Sí, pero una vulgaridad búlgara es una paquetería globalizada, le contesto. El paro ya tiene fecha, pero no importa, su anuncio es lo que cuenta. Cámaras, micrófonos y columnistas vuelan a los pies de Sofía y a los brazos de Momo en busca de la primicia. Las gambas de Sofía ya dejaron de ser gambas comunistas y seguro que hay un McDonald cerca para indigestarse como en cualquier país normal de este planeta que supimos conseguir. Los brazos del Momo, en cambio, sólo se consiguen en la Pampa húmeda nacional. Exclusividades de la boutique sindical decadente y empresarial.
Quien llegó al paroxismo del sincericidio es el exgobernador santafesino y actual diputado nacional por el socialismo vernáculo, Hermes Binner se llama. Escuché de sus propios labios, con el énfasis y el carisma que lo caracteriza, que "Creemos todavía en la mano invisible del mercado". Me hacen ruido tres cosas, por lo menos. En primer lugar, el uso del plural "creemos". ¿Qué clase de socialistas cree en esa mano invisible?
Al hermético se le ve la intención de asimilar su espigada figura a los eurosocialistas españoles, franceses, italianos y griegos que transan con los centros de la timba internacional sin ponerse colorados. Ni rosados. Además, ese "todavía" no hace más que confirmar que el exintendente de Rosario viene encubriendo el contrabando ideológico desde altri tempi. Y por último, ¿quién le vendió el buzón de que la mano del mercado es invisible? ¿Qué tan invisible fue el desmantelamiento de la red ferroviaria nacional que dejó culo p'arriba a cientos de pueblos de nuestro país profundo? ¿Cuál es la invisibilidad de la desaparición de las escuelas técnicas y la exportación de cerebros durante el reinado del mercado? ¿No fue muy visible la desesperación de los jubilados y empleados públicos cuando les arrebataron un porcentaje de sus haberes? ¿Qué tan invisibles son las manos de Domingo Cavallo, la Sociedad Rural Argentina y sus directivos per secula seculorum, o las manos de los Mitre y de Ernestina? Las manos corruptas y decrépitas de Carlos Menem y las narcomanos del hombre de Banfield, ¿son invisibles? ¿O no tienen nada que ver con el mercado?
Este tipo de declaraciones son interesantes de desagregar, como me enseñó mi profesor de Filosofía, Nolberto Espinosa. Cuando el exsocialista dice "Creemos" parece confesar su alineamiento con lo que eufemísticamente alguien llamó "la derecha moderna". Cuando dice "todavía" reconoce que su amor y su fe en el mercado, esa entelequia obscena, viene de antes, de mucho antes.
Sin embargo, lo que más me llama la atención es que los dichos del hermético llamen la atención. ¿Acaso no dijo que, de ser venezolano, hubiese votado por Capriles? Son exabruptos del alma, eructos del inconsciente. En fin, reacciones ante una realidad que se le viene encima y él no supo o no quiso ver.
Como le pasa al inefable senador mendocino, el radical Ernesto Sanz, presidente del Partido, quien acaba de regurgitar un papelón más. En medio de la más formidable batería de iniciativas oficialistas (proyecto de ley de pago soberano a los tenedores de bonos argentinos, otro de creación de un fuero en defensa de los consumidores, otro de control de la cadena de formación del precio final de un producto, entre tantos) vomitó estas palabras: "El gobierno está desorientado y en retirada". Como un déjà vu del helicóptero que se llevó los sueños de un país y su gente, estos ejemplares de la fauna política nacional creen que la imagen que les devuelve el espejo después de la ducha es la Patria.
Eso sí, se postulan. Quieren presidir el país y andan a los codazos entre ellos. Sólo les importa que el jopo o la calvicie brillen en cámara. Por dentro, poco. Casi nada.

martes, 5 de agosto de 2014

114

Celia, Laura, Luciano, Leandro, Camila, Manu, Alejo, Anita, Juan, Felipe, nuestras mascotas, los pinceles, las gubias, los manteles, mis huesos, las maderas, cada amiga y cada amigo, las dos cucharadas de azúcar de mis desayunos, Nora y Sergio, Diana y Jorge, el aromo y su aroma, la dignidad de Mempo, la voz de Galeano, mi hermano Miguel y mi cuñada Marta, Armando, Laura y sus chicos. Cada hogar, cada bicicleta, cada canto de Liliana Herrero y cada texto de Horacio González. La filosofía y José Pablo. Orlando y sus mensajes. Ernesto y sus padres desaparecidos. Natalia y su belleza integral. Mis compañeros de Uruguay, Venezula, Cuba, Chile, El Salvador, Brasil, Panamá, Canadá, Francia y España. Felipe Pigna, mi amigo.
Mi biblioteca y los libros perdidos. Las lecturas que me debo y no alcanzaré.. Elsa Osorio y su Luz. Los compañeros caídos y la sangre derramada. Néstor y Cristina. El lastre que vamos dejando en el océano. Las medialunas de San Martín de los Andes. El café de los sábados. Mis colegas de la radio. Las sillas y los árboles. El facebook y la solidaria naranja que come el niño palestino cinco minutos antes del misil sionista.
Milagro Sala y su madre tierra. Las manos del labriego explotado. Las manos de los pianistas. Javier Mascherano y Víctor Heredia. Nosotros, los hinchas de River, Sandra Russo y Carlos Polimeni. La barra del Este y los otros puntos cardinales. El ozono. Las flores del bien. Los gorilas auténticos, los de la selva. Mis vecinas queridas y solidarias. La sonrisa de Guido y su almohada de paz. La ternura mutilada de Silvia Ontivero y el recuerdo imborrable de nuestro Alejo Hunau. El ADN y Tecnópolis. Miguel Rep y el Emilio. El cine renacido. El periodismo militante y los periodistas comprometidos. Los HIJOS y sus MADRES. El césped y la línea de cal. Eduardo Aliverti y su voz envidiable. Víctor Hugo y la decencia inquebrantable de sus ojos. Viglietti y sus cantos puros. Los cóndores y las hormigas. Las hojas verdes por venir. Estela y sus canas limpias.
Todos estamos conmoguidos.