miércoles, 15 de abril de 2015

Nunca en el bronce

Al principio no pude. No, fue un día nublado por dentro, con tanto río de lágrimas, con esa necesidad de abrazarse imposible de poner en palabras. Ahora, no sé, pero quiero intentarlo. Ahí va.
En la noche anterior a la muerte de Eduardo Galeano vi y escuché al vicegobernador de la provincia de Buenos Aires, Gabriel Mariotto, poner una cuota de poesía en medio de una campaña electoral. A aquella frase ya mítica que Litto Nebbia convirtió en canción y que dice que "La historia la escriben los que ganan", el militante peronista, siempre optimista, un político inteligente y un académico de la comunicación popular, expresó que "La historia la ganan los que escriben".
Y a la mañana siguiente se nos murió Eduardo.  Premonitorio, don Gabriel.
Todos lo tuvimos de compañero, de amigo, de compinche. No, todos no. Los humillados, los desheredados del sistema, los mineros bolivianos, las mujeres maltratadas, los bosques talados, las minorías ninguneadas, los nadies.
Tuve, tengo, el privilegio de saberlo mi amigo. Él me lo dijo y atesoro aquella noche en casa, a Helena cuidándolo y amándolo delante de todos. Llenó nuestro hogar de anécdotas, se emocionó con las que contó y le contamos, se bebió el vino que, a raudales, le fuimos regalando. Pero, sobre todo, nos dio una lección de humildad sin posturas ni gestos de divo, a cara lavada. Había llegado a Mendoza para recibir el Honoris Causa de la Universidad Nacional de Cuyo a propuesta de Ernesto Espeche, por entonces Director de la carrera de Comunicación Social en la Facultad de Ciencias Políticas. Esa tarde, la del 24 de marzo de 2011, marchó junto a miles detrás de las Madres y los organismos de derechos humanos para recordar a nuestros compañeros y reclamar que la sede del D2 sea lugar de memoria, verdad y justicia. Reclamo aún hoy vigente y promesa incumplida.
Pero, ¿por qué estoy escribiendo estas obviedades, esta crónica que cualquiera puede buscar en los archivos periodísticos de esa fecha? ¿A alguien puede interesarle saber que la única entrevista personal que dio en Mendoza, ante Alejandro Rotta, para el canal de televisión universitario, y ante quien les cuenta el episodio, para Radio Nacional Mendoza, haya sido publicada en el diario Los Andes al día siguiente, con la firma de Mariana Guzzante, sin mención alguna a las fuentes? Es decir, un vulgar afano, al mejor estilo Clarín, cuya sucursal es Los Andes en Mendoza.
Cuando terminen los rituales de la despedida, cuando se apaguen las luces y se vayan sus amigos y el pueblo uruguayo a seguir con sus tareas cotidianas, cuando Helena se despierte y no tenga a quien contarle su sueño de esa noche, cuando suene el teléfono ante mi llamada y la voz de Eduardo ya no me salude, cuando vuelva a Montevideo y el Brasilero se muera de ausencia, entonces, recién entonces habrá que empezar a darse cuenta, tendré que darme cuenta, que mi "siempre amigo" no está más.
Si sus libros acompañaron a los presos como alivio a las torturas (¿no es cierto Silvia?), si aquel guerrillero salvadoreño murió con sus venas abiertas y tus "venas abiertas" cubriéndole el pecho ante la bala asesina, habrá que prometerse, que prometernos, que nunca, por favor nunca jamás pongamos a Galeano en un pedestal, en un monumento, en una lápida, en ningún bronce. ¿Por qué, para qué? Su nombre y sus libros alimentarán las bibliotecas populares, los bares y cafés, los teatros, los colegios y universidades, los hogares de los refugiados, las casas de amparo de las mujeres violentadas, los muros del mundo, el potrero donde los gurises patean su pelota de fútbol.
Como no queremos que se lo inmovilice en bronces vamos por el abrazo a sus libros, por el fuego de su memoria, por los días de nuestros hijos de esta América que tiene, desde ahora y para siempre, a Eduardo Galeano alimentando el caudal de sangre roja en sus venas.

miércoles, 1 de abril de 2015

Defunciones y funciones

                                                     Especial para "La Tecl@ Eñe"


Sucedió en el mismo fin de semana, como un mensaje elocuente, como una metáfora de los tiempos que se van (en definitiva, esa es su lógica) y de los vientos que nos revuelven el cabello y las ideas.
Se murió la actriz, directora, dramaturga, docente y militante social Ana María Giunta. Aunque nacida en Concepción del Uruguay, Entre Ríos, siempre la consideré mendocina. Será porque fuimos vecinos en nuestros años juveniles, ella en su casa de calle Salta casi Santa Fe, y yo en Santa Fe 262, donde viví desde mis cuatro años hasta finales de 1974. En los últimos tiempos, como consecuencia de la obesidad mórbida que la aquejaba, siguió su itinerario vital con las clases para formar actrices y actores dignos, como ella, su lucha contra todo tipo de discriminación, contra la violencia de género y a favor del matrimonio igualitario, una de las tantas luces inclusivas y de ampliación de derechos en esta década y la yapa.
Nos vimos por última vez hace varios años en los actos por el Día de Mendoza en la Feria del Libro de Buenos Aires. Abrazos, recuerdos y mucho humor del bueno, irónico e impiadoso que tan bien manejó siempre.
Y en el mismo fin de semana se nos murió Antonia Jesús Heredia, vieja catamarqueña querida, mamá de María Cristina Cornou y Víctor Heredia, el juglar ("Gracioso mimbre", le cantó en su bellísima "Ay Catamarca"). El 22 de junio de 1976 la dictadura genocida desapareció a María Cristina, embarazada de cuatro meses, y a Claudio Nicolás Grandi, su pareja y el padre de Yamila, la hija que tuvo que criar Antonia. Buscó infructuosamente al nieto o nieta que, se supone, nació en cautiverio entre noviembre y diciembre de ese año.
Las dos partidas, la de Ana María y Antonia, envueltas en la bandera del trabajo consecuente y, sobre todo, la dignidad.
Y otra vez Entre Ríos. Gualeguaychú, esa ciudad con onomatopeya de estornudo, famosa por su sambódromo y su carnaval, sus mujeres esculturales y sus ancestros inmigratorios, fue escenario de un vaudeville de comité. La Unión Cívica Radical cometió su convención para preparar sus exequias, a manos de la manteca más rancia del menú ideológico residual. Sus dirigentes tenían opciones. Y eligieron el camino de la derecha, la rotonda más vetusta, el puente que los lleva hacia atrás. En realidad, si se mira bien, el GPS político que pusieron a consideración de los delegados chorreaba mediocridad. O iban con quien, finalmente, fueron, el empresario boquense, gerente de la ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri ("Mi hijo es un pelotudo", sentenció Franco, su padre, en un exabrupto que hace honor a su nombre de pila y me hace pensar que nadie conoce mejor a un hijo que sus progenitores); o se subían al merchandising de Sergio Massa, pseudoperonista dizque renovador, diputado nacional ausente, exintendente de Tigre, el más seguro refugio de cuanto narcotraficante busca sombras reparadoras en Argentina, o se onanizaban en un denominado Frente Amplio, ese angosto espacio en el que cohabitan socialdemócratas oxidados, exkirchneristas criados a puro despecho y pseudozurdos de praliné, encabezados (los radicales de esta fracción, digo) por Julio Cobos, un ser humano indescifrable, un político con c, de cabotaje, aquel que fuera expulsado de su Partido "de por vida" y un año y medio después era poco menos que un rockstar de la oposición vernácula. Hoy riega las plantas de su jardín, pero jamás llegará a ser el personaje de la novela de Kosinski.
Pero no es nada nuevo. Tanto el peronismo como el radicalismo han acumulado episodios de este calibre a lo largo de su existencia. Y si me apuran, algo así se puede rescatar si repasamos el itinerario nacional desde 1810. Saavedra y Moreno, Rivadavia y San Martín, Roca y Arbolito y así siguiendo.
Del centenario partido de la clase media emergente a principios del siglo pasado hay ejemplos. Manuel Carlés y FORJA, Alvear e Yrigoyen, Balbín y Alfonsín, Sanz y Moreau.
En el peronismo, también. López Rega y Walsh, Paladino y Cooke, Chiche Duhalde y Cristina, Menem y Kirchner y paro acá para no abundar.
Por eso no creo que el radicalismo haya muerto entre los ríos de genuflexión y patetismo de la obra de género vaudeville de Entre Ríos. Lo que cruje como barca oxidada en la tempestad es la orgánica, el aparato. En síntesis, la UCR es al radicalismo lo que el PJ al peronismo. Un tumor.
Pero hubo más funciones ese fin de semana. En el Teatro Nacional Cervantes, Buenos Aires, se puso en escena, durante tres días, lo que Víctor Hugo Morales llamó, con el acierto que lo caracteriza, "un festival de las ideas". Liberadoras, agregaría yo. El Foro Internacional "Equidad e Igualdad" reunió a muy destacados pensadores, pensadoras, gestores y gestoras, de las nuevas ramas fructíferas de ese árbol que Hugo Chávez denominó "Socialismo del siglo XXI". Desde Noam Chomsky, Leonardo Boff, Gianni Vattimo, pasando por Piedad Córdoba, Álvaro García Linera, Constanza Moreira, Ignacio Ramonet, Martina Anderson, Ricardo Forster, Horacio González, hasta los jóvenes Iñigo Errejón, Gabriela Rivadeneira, Camila Vallejo y Axel Kicillof entre otros, se propusieron pensar y debatir la teoría y la praxis del cambio de época que, como aquel otro fantasma que recorrió Europa, ahora se ha globalizado para marcar la agonía sin éxtasis de la experiencia letal del neoliberalismo. Como muestra de las moléculas de inteligencia que poblaron el escenario del teatro me animo a mencionar el planteo teórico de "Estado rebelde" a cargo de nuestro ministro de Economía. Varios panelistas comparten su formación política con la gestión. Por eso, cuando pase el tiempo, esas intervenciones servirán como explicación de, entre tantas experiencias inclusivas, los 500 estudiantes de la Universidad de Buenos Aires que viven en lo que el extraordinario Bernardo Verbitsky (sí, el papá de Horacio) llamó "villa miseria"; o los millones de compatriotas que se sumaron al régimen previsional; o los miles que, como mi hija y su familia, llegaron a su casa propia gracias al Estado rebelde; o las 1800 nuevas escuelas públicas construidas y tanto más que marcan la recuperación de las políticas públicas como factor reparador de las desigualdades económicas, sociales y culturales.
En el N° 599 de "Ñ", la revista cultural de Clarín, el primero después de lo sucedido en las funciones del Cervantes, no hay una sola mención de la presencia de estos prestigiosos pensadores y pensadoras contemporáneos. Para los lectores de Clarín no sucedió lo que sucedió.
Una buena manera de confirmar que empieza a prepararse la defunción de una manera de hacer periodismo.

miércoles, 25 de febrero de 2015

Ojo al piojo

"Casi siempre es cuestión de sombras con las máscaras"
Luisa Valenzuela, "Diario de máscaras" (Capital Intelectual, 2014)

"André Malraux la llamó "capital de un imperio que nunca existió...""
Juan José Sebreli, "Buenos Aires, ciudad en crisis" (Sudamericana, 2003)


Se llama Tomás Acha y cuando tenía cinco o seis años vio nacer una cucaracha. Blanca como la pureza de una golosina de algodón. Fue en un parque en el atardecer primaveral del setiembre mendocino. Lo deslumbró la metamorfosis del pigmento porque le puso en entredicho a los colores convencionales del bicho, esos que había visto en revistas y en vivo y directo y le abrieron los ojos a un mundo fascinante y desconocido.
Es el caso más concreto que conozco de determinismo histórico. O vocación temprana, precoz. Tommy, así le decíamos sus amigos del barrio, hoy es entomólogo, conoce de insectos. Se casó con una prima hermana muy bella. O sea que también conoce de incestos. Se divorció y en la actualidad vive en pareja con Serapio Hoso, hijo de japonés y madre huarpe. En su juventud fue guardaespaldas de un dirigente sindical que hoy posee una flota de camiones, una fábrica de juguetes de plástico y cinco restoranes en centros turísticos. O sea, también conoce de infectos. Pero ya no le llaman Tommy, ahora es Kukar. Maldades de sus compañeros de la universidad. El Kukar Acha. Él me enseñó todo lo poco que sé acerca de la vida y obra de esos animalitos
Son neópteros, me cuenta, no vuelan y se instalan en calidad de parásitos en aves y mamíferos (nosotros, por ejemplo). Los científicos del rubro afirman que existen 3.250 especies, pero mi amigo Kukar ha estudiado una más.
Él descubrió que la que habita gallineros, corrales, casas de cambio, fiscalías federales, juzgados de alta gama, empresas y negocios de importación y exportación, constituye una subespecie muy particular. Estos piojos tienen nariz y ojitos. La especificidad radica en que no ven más allá de sus narices que, por otra parte, suelen ser respingadas, muy cortas. Como no han desarrollado la capacidad de memorizar suelen usar sus seis patas con forma de garfios para recorrer los mismos pasos de ayer y anteayer. Se los encuentra en peluquerías recoletas de señoras y señores, en oficinas con aire acondicionado y vista al río, en los ruleros que hacen cola en supermercados y entre las copas y servilletas de pubs pseudoirlandeses. En definitiva, son insectos muy urbanos.
Pero lo que Kukar descubrió y describió como más significativo y que distingue a estos piojos del resto de las especies hasta ahora conocidas y estudiadas es que los nuestros resucitan. Sí, así como lo leen y lo oyen.
En ciclos de 10 ó 12 años les sucede una catástrofe. Como se creen libélulas y colibríes intentan volar, pero ya dijimos que no tienen alas. Los pisan, los fumigan, los envenenan y nada. Al poco tiempo vuelven, con las mismas ínfulas, con los mismos ruleros y con el mismo sueño rastrero y la renovada intensidad de su daño.

jueves, 19 de febrero de 2015

Supernisman

Si hoy le preguntás a la señora del paraguas azul por quién va a votar en octubre, ella dirá Nisman.
Si hoy le preguntás al señor candidato qué hará con la Asignación Universal por Hijo, él responderá Nisman.
Si le preguntás por Aerolíneas Argentina él insistirá, Nisman.
Si el asunto es la movilidad jubilatoria, Nisman.
Si se te ocurre pedirle precisiones respecto del Fútbol para Todos, el relator será el cuñado de Nisman (con Tinelli, claro).
Cuando quieras saber qué hará con los ferrocarriles, Nisman.
Las relaciones internacionales las manejará el canciller Nisman.
La DAIA y la AMIA cambiarán sus nombres, ahora serán Nisman I y Nisman II.
YPF pasará a llamarse YPN.
El calendario gratuito de vacunas lo manejará Nisman.
La puerta de nuestras embajadas en Israel y Estados Unidos lucirá un busto con la cabeza de Nisman. Para las restantes se propone colocar una placa Nisman y se llamará a Campanella y a Nik para que filmen y dibujen en su homenaje.
Todas las 1800 escuelas que fueron inauguradas en esta década se llamarán Nisman más su número respectivo.
El plan de construcción de viviendas será denominado PROCRENISMAN.
Los científicos repatriados deberán rendir un examen acerca de las virtudes éticas y profesionales de Nisman.
El satélite geoestacionario argentino mutará su nombre de ARSAT I a NISMAN INMORTAL.
La ceremonia ritual de la circuncisión la harán, a partir del 11 de diciembre de 2015, la mamá y las hijas de Nisman.
Las universidades públicas también se llamarán Nisman. Y, ya que estamos, las de curro privado, también.
Cada 5 de diciembre, día de su nacimiento, será feriado nacional. El 18 de enero, fecha de su deceso, no porque es temporada alta y hay que facturar.
Si preguntamos a los candidatos opositores cuál será su prioridad en el caso ficcional de que sean gobernantes, todos, al unísono y con caras conmovidas, responderán Nisman.
El diario Clarín se rebautizará Nismín. La Nación, Nismitre y Perfil, esperará instrucciones de los dos anteriores, pero es muy posible que acepte llamarse Fontenisman.
Eso sí, TN seguirá siendo TN, Todo Nisman.
El sionismo pasará a conocerse como sionisman.
El psicoanálisis dejará de ser lacaniano, jungiano o freudiano. A partir de hoy será sólo nismaniano.
Lo mismo le sucederá al existencialismo sartreano o heideggeriano, será nismaniano o no será. El Dasein será Danisman.
A las plazas, avenidas, calles, teatros y negocios que se llaman San Martín se les agregará "y Nisman" para que parezcan una misma persona. Como López y Planes, Guido y Spano o el futbolista Moreno y Fabianesi.

Ayer por la tarde, 18 de febrero, los trabajadores que están levantando un edificio en la esquina de casa seguían laburando. La construcción avanza, pero la muchachada no afloja.

lunes, 9 de febrero de 2015

Perlita

 "Pero cómo serán mis despertares"
 Chabuca Granda


Tomó posesión del sitio con una naturalidad inquietante. Como si ese hubiese sido su lugar en el mundo desde siempre. Envuelta en una especie de tul granizado que la protegía de cualquier peligro comenzó a bailar sin importarle mi existencia y sus alrededores. Con el correr de los días empecé a entenderla. O eso creí. Su comportamiento errático y caprichoso planteó los primeros conflictos entre nosotros. Cuando me veía con un libro se interponía entre las letras y mi visión. Danzaba alocadamente y ensuciaba cualquier posibilidad de que  pudiese concentrarme en la lectura. Si la vejiga me despertaba en la madrugada ella protestaba por haber perturbado su descanso nocturno y no me era fácil cumplir con mi necesidad. Al rato, ya dormíamos juntos otra vez, abrazados a la noche, cada uno soñando cosas distintas. Yo, imaginando  el milagro de despertar y no verla más. Ella no sé, pero si me dejo llevar por lo que sucede en cada amanecer debo creer que ocupa su sueños en planificar nuevos modos de mortificarme.
Hace ostentación de su poderío, ocupa todo el espacio posible, demuestra una vitalidad envidiable para alguien como yo que apenas tiene fuerzas para encarar la ducha matinal, el desayuno de siempre y cuando voy a buscar el libro mío de cada día caigo en su trampa. Porque ya es suficiente con la mugre de los buitres globales, los periodistas mendaces, los funcionarios judiciales encubridores, los políticos mediocres y sus operaciones de cabotaje, los empresarios del ombligo fácil y los policías corruptos como para tener que ver sucia la vida gracias a su perversa manera de apoderarse de mí.
Quiero ser claro. Tan claro como esa mañana de lunes en la que el Lácar mostraba sus mejores brillos y, de a poco, una arañita y millones de puntitos negros fueron invadiendo mi único ojo útil, el izquierdo (como ves, querida lectora, la anatomía y la ideología se confabulan para guiarme en la vida una vez más). Pensé que era pasajero, pero la pasajera se fue transformando en inquilina y tuve que tomarla en serio.
En nuestro país el tema de la identidad es un asunto serio. Así que le puse un nombre ya que mis amigos del café, los cómplices de indignaciones varias, esperanzas renovadas y literaturas vitales dicen que no puedo compartir mis días con alguien sin nombre. Le llamo Perlita porque cuando se presentó estaba leyendo "Letargo"(Edhasa, 2014), la muy buena novela de la cordobesa Perla Suez.
Perlita es hincha del Globo, de Huracán de Parque Patricios, porque dice que si ella vive en un globo, el ocular, le parece lógico que aliente a su congénere. Es razonable. Quizá lo único razonable de esta historia.
En fin y para no cansarte, lectora preciosa, que Perlita me tiene podrido. Quiero, necesito volver a zambullirme en mi biblioteca, perfumar mis ojos con las bellezas de las muchachas estivales y tener bien abiertos los ojos ante tanto garca que intenta, sin respiro, someter nuestro futuro.

lunes, 26 de enero de 2015

El hipo de los hipócritas

"El cielo ha apagado todas sus luces, Macbeth"
 William Shakespeare


Musculosa blanca, bien ceñida al cuerpo. Pantalón corto, negro, que destaca piernas bien torneadas y nalgas firmes. Pelo castaño oscuro hasta los hombros. Ella, sesenta bien llevados, desayuna café con leche y dos medialunas. Él, pelo gris, como sus bermudas con detalles salmón, remera al tono, con la marca del gallito deportivo, zapatillas con las tres tiras y medias deportivas de origen alemán, está absorto en su teléfono celular. El café doble ya parece frío. Vanesa, imaginemos que se llama Vanesa, repasa en voz alta los titulares del diario local, hijo putativo del mayor conglomerado de medios (y otros curros) del país. "Está clarísimo que lo mató el gobierno. Todo encaja. Iba a declarar y lo callaron. En este país ya no se puede más. Leonardo (imaginemos que se llama Leonardo), ¿me estás escuchando?". En ese momento Leo consigue comunicarse. "Hola Nico, ¿todo bien por allá? ¿Mucho quilombo con la muerte de Alberto? (Como usted sabe esta gente se tutea fácilmente con famosos, como si hubisen cenado juntos la noche anterior, aunque hasta hace nada no tenían ni idea de quién era Alberto). ¿Fuiste al acto? La putearon lindo, me dijeron. ¿Alguien puede dudar de que lo mandó a matar ella?". Todo a los gritos, para que lo escuchen aun los que no querían. Un anciano, a dos mesas de distancia, suspendió la lectura de la novela que había logrado abstraerlo de las preocupaciones de esta pareja de "cacerola fácil", y estuvo tentado de responderle, con el debido respeto, "Sí, yo", pero prefirió no entorpecer la paz de sus días y evitar un mal momento a los demás parroquianos y personal del bar. El escenario es de película, de buena película quiero decir. El enorme ventanal da al lago. La mañana es besada por un sol tibio y peinada por una brisa compañera, amable. Con varios decibles más abajo el supuesto Leonardo se preocupa por su víscera más sensible. "Escuchame bien Nico, verificá si el cargamento llegó bien. Que hayan enviado el ...(y aquí emite un jeroglífico electrónico que mi ignorancia en esos menesteres no alcanza a entender y retener). Si no, mandáles un mail y amenazalos con postergar el depósito. Che, ¿todo en orden en los Bancos, la City no dice nada de esta guacha?". El viejo con la novela no sabrá nunca si el hipo del tipo le empezó por alguna noticia que le dieron, si la mercadería no era la que esperaba o si la City no reaccionó como él esperaba, pero para sorpresa de los que ocupábamos las mesas fronterizas a la de la pareja se sintió la primera contracción involuntaria de su diafragma, con un ruido gutural más agudo que lo que hacía suponer su cuerpo contundente y su abdomen rotundo. La mujer, Vanesa, lo miró sorprendida, casi avergonzada. ¿Cómo soportar las miradas de los otros, justo ellos, tan circunspectos, correctos y bien educados? ¿Hipo en público? Pagaron y se fueron.
El canto dodecafónico de bandurrias y gaviotas, la alfombra azul de las aguas del lago, apenas manchada por algunos veleros, blancos como la musculosa de Vanesa, los vieron subir al descapotable importado y partir.
Aunque sigue el manoseo mediático y prometí esperar, quiero decir el viejo de la novela en el bar se prometió esperar, a que pase para escribir alguito, me pica la oreja izquierda. Y cuando me pica la oreja izquierda tengo dos caminos: me baño o escribo.
No supe, no sé y no me interesa saber acerca de los gustos personales y otros detalles del tipo. Si era buen padre, buen exmarido, si la carne la prefería jugosa o a punto y esas menudencias que consumen horas televisivas al compás de imbéciles con pantalla. Allá ellos.
Que sus seres queridos, los amigos íntimos, los vecinos de su departamento de lujo y demás allegados lo lloren con lágrimas cálidas y sinceras parece lógico. Uno debe suponer que allí no "se han armado los trípodes del camelo", de los que habla Cortázar en su "Conducta en los velorios". De esos ritos ancestrales también se ocupan los periodistas serios, los Rial, Del Moro, Doman, Lanata y el Dr. Hubrys.
De los detalles del incordio (si murió por mano propia o mano ajena, si las cerraduras eran doradas o plateadas, si la diputada etílica o la diputada buitre sabían o no, si el sobre del periodista Pérez Izquierdo tenía dinero o una estampita de San Expedito, si la hija que dejó varada en Barajas es rubia o morocha, si el llamado que lo instó a regresar al país lo hizo Mongo Aurelio o el Capitán Piluso y movidas así), de esos asuntos se ocupan los periodistas serios,pero serios en serio, los Verbitsky, Ruchansky, Espósito, Ragendorfer, Colominas.
De los aspectos judiciales se ocupan los Zaffaroni, Peñafort, Maier. Además, claro, la fiscal y la jueza. Espero.
Y de desbaratar la patética operación política contra el gobierno se ocupan Cristina y su círculo íntimo. No es la denuncia contra ella, su canciller y el diputado Larroque. La conspiración se inicia con la muerte de Alberto Nisman, fiscal. Aún no termina.
He visto y escuchado, quiero decir el viejo del bar con la novela bajo el brazo, notas de pesar por el extinto. A propósito, el viejo me contó que ya circula un chiste, típicamente nacional y popular. Dicen que cuando la diputada Bullrich se enteró de que Nisman era el extinto preguntó "¿Por qué ex?". Fin de la cita, Rajoy dixit.
Alegría por su muerte, claro que no, pero ¿cómo sentir pena por un hombre que trabajó para dos potencias extranjeras, según su propia confesión, al menos por diez años? ¿Por qué lamentar su desaparición si logró manipular la investigación por el encubrimiento del atentado a la sede de la AMIA, aquél 18 de julio de 1994? Suscribo lo escrito por el historiador Ezequiel Adamovsky: "No ha muerto uno de los buenos".
De su denuncia contra Cristina, el canciller Timerman y el diputado Larroque el viejo de la novela bajo el brazo piensa, me dijo, que Lilian Hellman, Dashiel Hammett, Rodolfo Walsh, Raymond Chandler, Arthur Conan Doyle, Patricia Highsmith, Horace McCoy y tantos más, la hubiesen escrito mejor, mucho mejor. Ya este textículo también, por supuesto.
Vi la novela de que hacía ostentación el viejo. Se llama "Los cuerpos y las sombras" (Eduardo Sguiglia. Edhasa, 2014) y aunque no tenga relación aparente con el asunto que nos tiene ocupados, el título es tan apropiado..
Cuando salió del bar, cuando salí digo, una pareja joven ocupaba la misma mesa de los cacerolos fáciles. Ellos sin hipo.

lunes, 29 de diciembre de 2014

El pino negro y otros fuegos

A Ana Vera, Rodrigo y Gabriel Páez,
in memoriam
"Aquí yace un pájaro.
 Una flor.
 Un violín"
 Juan Gelman


En vísperas de fin de año un grupo de niños de alrededor de diez años de edad quemaron el maravilloso pino centenario (o que quiero imaginar centenario) que presidía la plazoleta Belgrano, a metros de mi casa, en Godoy Cruz, Mendoza. El municipio ha remodelado no hace mucho el paseo (a veces tengo la impresión de que la gestión no hace otra cosa que embellecer plazas y organizar conciertos magníficos mientras sus habitantes humildes siguen esperando) y la plaza está llena de jóvenes y criaturas que la habitan durante las tardes y las noches de verano. En fin, que hoy está el pino en pie, pero negro "como la tumba donde yace mi amigo". Cosas de la pirotecnia, esa agresión perversa y primitiva enmascarada en un nombre mediático. Daño, puro y simple. Al ver el pino, mustio y calcinado, pero erguido sobre su propio dolor pude poner en palabras escritas lo que sigue. Recién entonces pude.
Ana fue un milagro de vida. Hija de Víctor Hugo Vera, desaparecido en Tucumán durante la dictadura genocida, vivió en prisión junto a Florencia, su madre, hasta que la abuela materna la rescató de las garras del horror. En esa casa le tocó presenciar el secuestro de su tía, también perdida en la noche de los tiempos malditos. Creció, con las trenzas negras al viento y sus ojos penetrantes y cantarinos. Así la conocimos y así creció también la amistad con Laura, nuestra hija mayor. Estudiaron juntas en la Escuela de Bellas Artes de Mendoza, allí conocieron a sus compañeros de vida, Santiago y Leandro, respectivamente. Ana y Santiago tuvieron tres hijos, ella estudió Comunicación Social y trabajó solidariamente siempre. Adoptaron cuatro hermanitos, rescatados de una familia con riesgos vitales importantes y formaron un hogar luminoso, alegre y caótico. En esa casa mi nieto mayor, Manuel, fue un niño amado, feliz y libre.
La hago corta y, en lo posible, sin golpes bajos. En el amanecer del domingo 16 de noviembre pasado un cortocircuito incendió la inmensa casa de Ana y familia. Se pusieron a salvo casi todos. Ella intentó rescatar a uno de los chicos atrapado entre los fuegos y en la desesperación corrió otro con ella. Ninguno de los tres salió con vida. Punto.
Ana, su entrega total y final. Ana, la Patria y el Otro. Ana, igual a como vivió. Sí, una tragedia griega en pleno siglo XXI. Y, por favor, no me digan que se los llevó Dios. Prefiero no ofender a nadie.
Cada vez que leo o escucho el lema "Argentina, un país con buena gente" se me aparece el rostro de Ana, su humor inteligente, corrosivo y feliz (alguna vez, bromeando, dejó dicho que si moría la cremaran y sus cenizas fueran a parar al inodoro).
No les cuento la ola de solidaridad para con los que quedaron vivos, desnudos de todo, atónitos y derrumbados de dolor, ese abrazo extendido que inundó la provincia. Si me detengo en los detalles, las donaciones, los mensajes y los recitales a beneficio caería en esos golpes bajos que quiero evitar. Como en tantas otras ocasiones, como en las inundaciones de Santa Fe y La Plata, por ejemplo, ni el fuego ni el agua tienen la culpa. Recuerdo aquel texto maravilloso de Angélica Gorodischer cuando le desidia de la gestión Reutemann ahogó a los santafesinos. Pero también sé que nuestro querido Eduardo Galeano dice que somos fueguitos, que nos abrigamos y vamos creciendo juntos en sueños realizados. Y entonces me digo que sí, el fuego no tiene la culpa. Ni el que enmudeció la vida de Ana, a sus 40 años y la de los chicos en plena pubertad, ni la que pintó de negro el pino centenario de mi barrio.
Estoy leyendo "Historia de las ideas científicas", de Leonardo Moledo y Nicolás Olszevicki (Planeta, 2014), un libro voluminoso que me gusta saborear de a poco, como los buenos chocolates o un café con mis amigos. En él, Moledo, otro fallecido prematuro, escribe un poema que empieza así: "Primero vino el fuego, el árbol que ardía,/la floresta incendiada que aquellos hombres monos mirarían pasmados..."
El fuego, ese "aire enrarecido", el elemento de la curiosidad primordial, el que nos protege en los inviernos del cuerpo y del ánimo, el que nos viene alimentando, el cómplice de amistades y pasiones.
Estamos de pie, como el pino aquél y como los que quedamos sin la sonrisa de Ana. El fuego y los fueguitos seguimos bregando para que "se encuentren los amores y se espanten los espantos." Siempre.