jueves, 28 de abril de 2016

Telefantes

No es un chiste. Es un almacén, fiambrería, verdulería y kiosco. Se llama El Che y venden un pan casero rebanado que hace un excelente maridaje con el dulce de cerezas negras que trajimos de San Martín de los Andes. Reponemos stock una vez por semana para que el desayuno diario sea promisorio.
Lo del chiste o no chiste viene a cuento porque, te cuento, la dueña y su empleado son estereotipos. Señora que tiene un televisor en el negocio y que, por supuesto, está fijo en TN. Ella y el chico miran embobados, día a día, la novela judicial de bóvedas, túneles, bolsos, secretarias y amantes, testaferros y personajes de la noche. Todos y todas en una ruta que desemboca, de manera inexorable, en el sur argentino y en la letra del abecedario que está después de la jota y antes de la ele (no la nombro para evitar una posible citación a indagatoria en el juzgado federal de turno. Se entiende, creo).
El miércoles fuimos a por el pan, como dicen en Madrid. Contra toda lógica el local estaba desierto. Quiero decir, nosotros, ella y nadie más. El pibe, dijo la doña mirando la tele, fue a hacer unos trámites.
¿Y el resto de los clientes?, dijimos nosotros al unísono y a capella. Siempre teníamos que esperar un rato para ser atendidos, comentamos. ¿Vió?, le dice la teneadicta a mi compañera como si yo estuviera dibujado en el cajón de zanahorias. Es que la gente no tiene plata, comprueba con ese énfasis de vecina atribulada que aprendió de la Tota y la Porota. Sin solución de continuidad, mientras nos envolvía, cobraba y daba el vuelto del caserito, dice, señalando con el mentón hacia el televisor: "Siguen descubriéndole propiedades a Lázaro Báez". De los ojos le salía la frase qué barbaridad, no sé qué esperan para meterla presa (Nótese que dice meterla y presa en clarísimo cambio de género respecto de Lázaro quien, hasta donde sé no es homosexual ni travesti). Mi compañera, como quien no quiere la cosa, le cuenta que existe un país que se llama Panamá, que fue inventado para poder justificar el negocio de la construcción de un canal y, de paso cañazo, se transformó en un paraíso para guardar guita mal habida y producto de algunas ternuras patrióticas de los muy ricos que supimos conseguir.
Pero la doña sigue buscando contenedores con dinero, bóvedas con oro y alhajas, bolsas con monedas como las del tío Patilludo. O sea, sigue adicta a la tele.
En ese momento, ya resignados y con el pan bajo el brazo, nos empezamos a retirar. La puerta del local está bloqueada. Una manada de elefantes, sí como lo oye o lo lee, ocupa todo el espacio, la vereda, la acequia y la calle. Cada uno de los paquidermos lleva una o dos alforjas con la leyenda "Retenciones móviles", "Apertura de importaciones", "Tarifazo", "Despidos" "Off shore", "Bicicleta financiera", "Ceder la palabra", "Manual del cínico argentino" y cosas así, siempre tan tristes, diría el Cronopio.
La doña ni se enteró de la situación exótica. Y no se enteró porque no salió en TN que, mientras tanto, seguía buscando y buscando bajo la atenta mirada del fiscal Meryjohn.
No sé por qué el negocio se llama El Che. No me animo a preguntarle. Quiero creer que lo compró y ya venía con el nombre puesto. Hace mucho nos regalaron un cachorro de setter irlandés de nueve meses de edad que respondía al nombre de Cocker y no hubo caso de cambiarle el nombre. Quizás a la doña, que sigue mirando tele mientras escribo esto, le pasó lo mismo.

jueves, 21 de abril de 2016

Mi nuevo libro


Inicio el camino hacia la publicación de mi nuevo libro. Para cumplir el sueño convoco a los cómplices de mis delirios periodísticos y literarios a adquirirlo en modalidad de preventa y al precio que figura en la imagen, apenas 150 mangos.
Se pueden comunicar conmigo a través de juliorudman@gmail.com , en mi muro de facebook o a Bruma Ediciones brumaediciones76@gmail.com .
Espero parir ESCRITOS DE PIE a fines de julio de 2016, antes de que el neoliberalismo nos arrincone la vida.
Gracias anticipadas por el apoyo, el mismo que siento cada día en la radio y en cada abrazo.

martes, 12 de abril de 2016

No, cualquiera no

                                   Para "La Tecl@ Eñe"

Vamos a suponer que se llama Susana. Susana lleva varios años de trabajo. Se reúne con sus amigas cada quince días a tomar el té en casa de una de ellas, de manera rotativa. El segundo sábado del mes su jardín recibe chismes, comentarios tinellizados y canapés para cumplir con el ritual. Susana adquirió un auto nuevo en 2014, uno propio, para ella. El de Arturo, su marido, es más nuevo, del 2015. Es que Arturo es propietario de un bar en el centro de la ciudad y pudo renovar su vehículo casi sin dificultad. Susana compró, además, una esmeralda, ese carbón antiguo y profundo, el sueño de su vida, gracias a los ahorros de los últimos años.
Susana, la que suponemos que se llama Susana, me dijo que si ella fuese empresaria también abriría una cuenta o formaría una sociedad en algún paraíso fiscal (el intercambio de opiniones surgió a raíz del descubrimiento de sociedades así que ostentan el nombre de nuestro inmaculado señor presidente). Susana no es empresaria. Es docente. No sé si de nivel primario, secundario o superior, pero no creo que eso tenga mucha importancia.
Le pregunté si tenía idea, aunque sea remota, que de dónde salía el dinero que cada fin de mes se le acreditaba en su cuenta bancaria en carácter de salario o sueldo. Lo pensó unos minutos y me pidió disculpas. Las acepté, por supuesto, pero sospecho que todavía sueña con un chapuzón, sin la esmeralda puesta, en las aguas verdes de una playa de Bahamas mientras Arturo hace trámites en la cueva correspondiente. Ella, supongo, sigue su vida de telenovela diaria y peluquería semanal. La imagino bronceada chateando con sus amigas al amparo de la sombrilla y la arena blanca del Caribe con un trago fresco para amenizar el sacrificio.
"Cualquiera elegiría radicar una empresa donde pague menos impuestos". Con un lenguaje más administrativo, burocrático y refinado quien se expresó casi como la supuesta Susana es un funcionario público. Se llama, y no lo supongo, es, Juan Manuel Urtubey, gobernador de la provincia de Salta, la linda le dicen. En estos últimos meses ha aparecido con inusitada frecuencia en las revistas de frivolidades a cara descubierta, las revistas, las que te dicen hola desde la tapa o las que dicen ser la gente. Es que Juan Manuel reparte sus días entre los arrumacos con su nueva conquista amorosa, siempre con un fotógrafo dispuesto cerca, y sus otros arrumacos, los políticos con el ejecutivo off shore que supimos conseguir el 22 de noviembre pasado.
Para los mencionados, apenas dos ejemplares de la fauna bípeda de este país gerenciado, evadir impuestos es como una travesura naturalizada desde hace mucho. Que una maestra le enseñe, con su deseo y su ejemplo, a cometer delitos a sus discípulos es grave, pero resulta comprensible porque lo ve a diario (y a televisión y radio también) en el supermercado y otras empresas que el sistema nos vende con cada respiración vital.
Pero que un funcionario elegido por voto popular entienda lo mismo es obsceno. Se me aparece la imagen de Urtubey escupiendo hacia arriba y la náusea sartreana cobra otra dimensión.
La inmensa mayoría de quienes habitamos este mapa desvalorizado que se llama todavía Argentina no fugamos dinero. Porque no tenemos el suficiente para pensar en hacerlo y, sobre todo, porque de manera consciente o inconsciente el pudor, esa forma virtuosa de la ética cotidiana, nos lo impide. El pueblo sabe, intuitivamente o por educación, lo que está bien y lo que está mal. Aunque a veces la estafa venga presentada en un paquete amarillo como el que le vendieron a fines del año pasado.
En síntesis, no cualquiera elude su compromiso cívico de vivir en sociedad. Ni Milagro Sala, presa por ocupar el espacio público junto a sus pares, ni Hebe de Bonafini, ni Estela, ni Evo, ni Correa, ni Fidel, ni Chávez, ni Maduro, ni Néstor y Cristina, ni Pepe aparecen en estas lides. No cualquiera, no.
Sólo los que se sienten más seguros entre las sombras y enmarañados en redes turbias y pestilentes. Aunque se disfracen de ganadores y nos prometan la luz.

viernes, 1 de abril de 2016

Mientras tanto

                         "Que la tierra es nuestra, tuya y de aquél.
                          De Pedro, María, de Juan y José"
                                                                    Daniel Viglietti

Pensó que no era posible. No tanto. Pero salió de su casa como cada día laboral. Pasó a buscar a Juan, su vecino, como cada día laboral. Caminaron hasta la parada del colectivo y se intercambiaron las novedades hogareñas. Y un cigarrillo de Pedro a Juan. Y fuego de Juan a Pedro.
Durante el desayuno, café negro con pan casero y ese dulce de peras insuperable que hacía María, escucharon la radio. El aumento de la tarifa de la luz lo dejó un poco más liviano. Se sintió raro porque lo habitual era que con cada comida la pesadez lo acompañaba un rato largo. Es más, el síntoma lo tenía anotado para comentárselo a Marcelo, el médico de la repartición y su amigo de la infancia. Esa sensación de liviandad, como si perdiera peso con cada noticia que recibían en los últimos días, se profundizó al subir al colectivo. Pagaron el doble que la semana pasada.
Cuando se bajaron, en la misma esquina de siempre, un brazo se le levantó solo transgrediendo la ley de gravedad. Se sonrió para disimular la sorpresa. Se sintió torpe. Miró a su amigo, pero Juan no percibió su incredulidad, esa situación incómoda y nueva.
Al llegar a la puerta del edificio en el que estaba la oficina que lo recibía desde hacía dieciocho años notó mucha más gente de lo habitual. Vio, al ir acercándose, a Clarisa con su panza de siete meses de embarazo llorar desconsolada en brazos de Mariela. Su otro brazo empezó a elevarse sin que lo pudiese evitar. Mariela le explicó. Clarisa estaba en la lista. ¿Qué lista?, dijeron a la vez Pedro y Juan. Éste más pálido. Pedro más liviano, casi levitando.
Se arrimaron, tímidos, preocupados, recelosos. Personal de seguridad de una empresa privada, uniformados y burocráticos, buscaron sus nombres y apellidos en la lista. Figuraban. Así, sin agregado alguno, sin una explicación, sin anestesia.
Pedro comenzó a elevarse. Veía los techos de los edificios, primero los más bajos, pero después empezó a reconocer los lugares típicos, los de su ciudad. Y sintió un estremecimiento único, intransferible e inexplicable, una ráfaga de viento, un rayo de luz imposible. Como en aquel libro de Kafka que le prestó Juan y que leyó en voz alta a María, Pedro se convirtió en otro ser. Ya no en una cucaracha o en ese animal ignoto de aquella lectura.
Se miró las alas, se descubrió los colores y aleteó. Probó volar y pudo. Allá contra el piso de la plaza le pareció ver un grupo humano, pero no podía distinguirlo. Si mujeres, si hombres, si ambos. Se impulsó hacia abajo y vio.
Eran una viejas, canosas, con bastones y otras en sillas de ruedas. Todas tenían un pañuelo anudado en su cabeza. Aleteó feliz hacia ellas y se posó en la cabeza de la más arrugada, la más anciana, la que eligió por intuición como la más dolida.

Esto se lo contó el nieto mayor al escritor que, desde el ataúd, creyó entender que el tal Pedro, mariposa ya, sobrevivió así al descalabro.

domingo, 27 de marzo de 2016

Golpe a golpe


No, no fue Antonio Machado. Ni Joan Manuel Serrat.
La orden verbal la dio Marcelo Marino, Subgerente Periodístico de LRA1 Radio Nacional, con sede en Maipú 555, C.A.B.A. (Ciudad Autónoma de Buenos Aires). Dijo ser el portavoz de una decisión emanada de Fernando Subirats, el Gerente Periodístico de la emisora. El destinatario se llama Carlos Saglul, en ese momento a cargo del Informativo de rutina.
Según Saglul, miembro del Sindicato de Prensa de Buenos Aires (SIPREBA) y exdetenido desaparecido durante la dictadura cívico - militar - eclesiástica que asoló la Argentina entre 1976 y 1983, Marino ingresó al Estudio y le informó que, a partir de ese momento, no se podía nombrar a ese período histórico del país así, sino solamente como "dictadura militar".
Como corresponde a un ser humano con la dignidad en pie el colega denunció el asunto al sindicato y la organización gremial emitió un comunicado en repudio del intento de censura.
Entiendo que, hasta el momento de escribir este textículo, el episodio no ha sido desmentido ni aclarado por Subirats que, además de periodista es psicólogo social, según figura en su perfil en las redes sociales.
Martínez de Hoz, Cavallo, Melconian, Blaquier, Massot, Mercedes Benz, Macri, Ford, Clarín, Morales Solá, Gómez Fuentes, José María Muñoz, La Nación, Bonamín, Plaza, Tortolo, la Sociedad Rural Argentina, Pío Laghi, Quarracino, Primatesta y siguen las firmas son, según creo, personas y empresas que no utilizaron ni utilizan uniformes militares. Algunos usaron hábitos, habitualmente conocidos como sotanas, otro uniforme. Es decir, ya ni hace falta argumentar demasiado para decir que estos tipos y empresas protagonizaron, de una u otra manera, los asesinatos, torturas, robos de criaturas y desmantelamiento del Estado durante esa época oscura. Algunos murieron, otros están siendo juzgados y hay quien, aún hoy, está ejerciendo cargos en el mismo gobierno de los señores Marino y Subirats. Las empresas mencionadas, bien gracias, gozan de todas las prebendas del mismo sistema perverso que recurrió a los cuarteles y hoy festeja el resultado electoral de noviembre de 2015.
Lo dicho, la orden fue verbal y en la sede central de la Radio Pública. Quien esto escribe es periodista de LRA6 Radio Nacional Mendoza y adhiere al repudio sindical. Pero (ahora sigo en primera persona) no pienso que haya sido sólo un exabrupto del señor gerente, provocado por una indigestión hepática, un conflicto amoroso o una resaca alcohólica. El clima de revancha derechista facilita estos desatinos. Si el ministro nacional del área económica habla de "grasa militante" para referirse a trabajadores estatales y dice que están "acomodando la basura" cuando hace mención a la herencia recibida de la gestión anterior. Si el mismo tipo teme que, alguna vez, llegue a la presidencia de la república un argentino nacido en Santiago del Estero. Si el intendente de Quilmes, el cocinero Martiniano Molina, confunde el centro clandestino de detención "Pozo de Quilmes" con un bache vial. Si se ataca a balazos y se rompen locales partidarios de la oposición y hay robos y destrucción de viviendas de periodistas, como el caso de Marcelo Padilla en Mendoza y si, por una parte desfilan personalidades en los medios públicos instando a "ceder la palabra" y por la otra se prohíbe la mención a la complicidad y aprovechamiento civil, empresarial y religioso durante el genocidio, es que llegamos a esta situación.
Seguiré nombrando al golpe de Estado del 76 y a su consecuencia directa e indirecta como siempre.
Me lo ratificaron ellas, "pequeñitas, revoltosas", las miles de mariposas que sobrevolaron la multitud en Plaza de Mayo el 24 de marzo pasado y se posaron en los pañuelos blancos, en brazos y hombros, en el pecho de Osvaldo Bayer, en el cochecito de cada bebé caminante, en el cabello al viento de las muchachas florecidas.
Si el señor Gerente se anima, que me haga llegar por escrito su decisión. Sabré qué hacer.

viernes, 11 de marzo de 2016

Cruces y figuritas

"A veces la conexión está ahí, a la vista, y sólo hay que hacer el recorrido en sentido inverso, buscando"
Angélica Gorodischer ("Las nenas". Emecé, 2016)


Mi casa materna fue un imán. A la tarde, cuando la siesta ya era pasado y al futuro lo imaginábamos cálido y perfumado los amigos caían con los restos de la chocolatada sobre el labio superior anticipando los bigotes juveniles, y la camisa mitad adentro y mitad al viento. Era la época en que nuestras viejas todavía nos vestían con camisa para ir a la escuela.
Las figuritas me apasionaban. Venía el Luis y había que entretenerlo para distraerle la tristeza. Había perdido a su padre y nos abrumaban sus ojos claros, llenos de agua y, a su vez, con sed de cariño. Gabriel y el Lechita (le decíamos así porque era un voraz bebedor de cualquier marca u origen), Mario y Alberto, el vecino vecino, el que vivía dos casas más allá, casi a mitad de cuadra. Las figuritas, entonces. Pura adrenalina, horas de discusiones, que si la mía tapó o no a la del Flaco (apuesto a que hoy, ya casi a los setenta, Gabriel sigue flaco, flaquísimo disimuando asados, cervezas, wiskis y andropausias).
Pero el mayor placer, ese que me inició en la obsesión por el orden en mi biblioteca, por ejemplo, era solitario. Cuando todos se iban y después de la tarea para la escuela me dedicaba al álbum. Siempre incompleto, siempre con la ilusión de que mañana, ese impostergable mañana, mi vieja metiera su mano regordeta y dulce en el bolsillo del delantal de cocina y sacara esos billetes de ya no recuerdo qué moneda de curso legal en esta patria pisoteada desde la economía hasta la dignidad. Era muy chico y el paquete de figuritas escondía la difícil, la imposible, la que me permitiría ir al kiosco a ostentar mi álbum rugoso, pero completo y volver a casa con la pelota de goma a rayas rojas y blancas, finitas y brillantes. Hasta el primer partido en la canchita. O hasta el pinchazo y a bañarse. La utopía redonda de un pibe de clase media que empezaba a escuchar a sus mayores hablar de otras utopías más contundentes, pero tan maravillosas como las que aún hoy me llevan día a día a compartirlas frente a un micrófono de radio, con mis compañeros y los oyentes cómplices.
Nunca completé un álbum, así como nunca alcanzaré las utopías. Para seguir buscando, como nos enseñó Eduardo.
¿Y las cruces?, me dirá usted, ¿qué tienen que ver con las figuritas, el álbum y los amigos de entonces? No, no son las de las grandes catedrales ni las de capillas modestas. Ninguna relación con el Gauchito Gil o la Difunta Correa y sus religiosidades populares en las rutas argentinas.
Cruces es Juan José, un señor que estudió en la Washington University y en Yale University y hoy es catedrático en la Escuela de Negocios en la Universidad Torcuato Di Tella, privada, privadísima. Juan José Cruces debe haber coleccionado figuritas en su infancia, como yo. Por una cuestión gerenacional las mías con la imagen de Amadeo Carrizo, el Beto Márcico y Roberto Perfumo (hoy, justo hoy, conmovido por su adiós). Él, no sé, quizás Fillol o Messi y el gordo Ronaldo.
Digo, porque quiso explicar, ante las cámaras televisivas, la entrega de la soberanía argentina a Paul Singer y sus carroñeros por obra y desgracia de carroña interna. Y el argumento giró alrededor de las figuritas y el álbum. Más o menos así. Según Cruces la Argentina pegó 93 figuritas de un total de 100. Las que compraría ahora, las 7 que faltarían, son carísimas. Casi tanto como todas las anteriores juntas y todo, por supuesto, por culpa de la Señora que se encaprichó en no acatar la razonable oferta de los pájaros perversos financieros. O sea, si las figuritas son usurarias, si nos muestran los jugadores más perversos y monstruosos del mundo, si no conseguiste ni una pelota como no sea la que nos hizo ídem, si esas 7 se parecen más a un cuento de Lovecraft que a un poema de Prévert, todo eso no le importa a don Cruces.
Para los Cruces la frustración personal de un pibe ante su álbum incompleto es comparable a la entrega del patrimonio de una sociedad. Lo dijo así, sin ponerse colorado y con esa impostura que ostentan los poderosos que se creen sabios.
Me quedé con ese sabor amargo en la boca mientras pienso que el tipo no sólo justifica la hipoteca de la vida presente y futura de mis hijos y mis nietos sino que, de yapa, me jode la infancia.

lunes, 29 de febrero de 2016

Roedores

Son ecuménicos y globales. Se reproducen según un código genético milenario. Hay especies o subespecies benignas y malignas. La lucha por su supervivencia es inagotable y, por ahora, van logrando zafar de la extinción. Aunque nunca se sabe, como dice mi amigo Luis cuando le pregunto si terminó de escribir su libro de poesía ya publicado.
Para infiltrarse en los hogares no piden audiencia y una vez que toman posesión de su hábitat comienza una lucha sin cuartel para defender la ocupación. No hay tregua ni protocolo válido que reglamente la batalla. Es a muerte. El último episodio que me tuvo de protagonista beligerante duró, vaya coincidencia, 22 minutos exactos. Ellos huyeron y, por lo tanto, mi victoria fue incompleta. No pude matarlos ni demostrarle al mundo, a mí mundo, que estábamos ya libres del peligro de sus contagios, sus mugres, sus infecciones y su asco. Por eso, mientras el combate estaba en su momento más frenético, no hubo sonrisas y si un fotógrafo, digamos un buen fotógrafo como el Coco o Sergio o Juan Pablo, hubiesen dejado testimonio gráfico de la tarea, mi rostro aparecería como si el día anterior la fiebre me hubiese dejado frente a frente con Durán Barba.
Me ocupo de investigar. Con sorpresa descubro que se incluyen algunos que no imaginaba. Las ardillas, por ejemplo, o los puercoespines. Animalitos mansos parece, salvo que uno los amenace o los ataque. Roedores simpáticos, personajes de documentales y dibujos animados. Recuerdo un grupo musical, "Las Ardillitas", que cantaban para que niños y niñas sufran con sus voces agudas, distorsionadas y ridículas y su fonética incomprensible. Pero supe de ratones, ratas, tamias, castores, hámsteres, jerbos, conejillos de Indias (y tan identificado que me sentí varias veces en la vida), lirones, marmotas, tuzas, ratas canguro (ideales para jugar a la rayuela, Cronopio querido) y ardillas voladoras africanas. En fin, estos animalitos de Dios, como dirían los creyentes y los Franciscos (el de Asís y el de Macrilandia), se volvieron bípedos en estos tiempos y en estos mapas en los que cohabitamos como si no pasara nada.
Y las ratas y ratones, los roedores de traje y glamour, tomaron el Poder por voluntad y elección de marmotas y ratas canguro, de lirones acunados por el canto mentiroso de predadores maquillados para brillar en cámara. Y, para nosotros, las potenciales víctimas de fiebre hemorrágica o leptospirosis por su culpa, el asunto es jodido, muy jodido.
Ante los hechos consumados sólo queda desratizar, pero cómo es la pregunta. Si yo desratizo mi hogar y siguen pululando en las casas vecinas, si cuando cruzo la calle en pleno centro de mi ciudad una de ellas pasa entre mis piernas sin inmutarse, si en los pasillos y los baños de las Casas de Gobierno se animan a confabular decretos y cesantías, si viajan a sedes santas y non sanctas y a reuniones bursátiles en aviones oficiales, si convocan a la prensa para justificar a sus tías, sus hijos y a las madres que los parió, entonces la campaña de fumigación no puede ser individual. Porque entonces ya no soy yo. O, más claro aún, yo soy nosotros o no soy nada.