miércoles, 10 de septiembre de 2014

El señor Klon

Es la panadería de un barrio coqueto. Casas con jardín delantero, enanitos de yeso que adornan esos verdes, mucamas y custodios de uniforme. Los dueños de las propiedades del barrio coqueto aspiran a que se las considere suntuosas. Aspiran, varios y varias aspiran, pero no importa.
La panadería del señor Klon tiene algunas características que desentonan con el ambiente. Sus productos no responden a los nombres tradicionales de los comercios del ramo en la ciudad. Así, las medialunas se llaman "Arafat" y las hay de manteca, pero las otras son de Gaza y cada vez que el maestro panadero saca una tanda del horno Klon se larga a llorar con lágrimas tristes, no hay masas secas y masas finas, hay masas populares, la variedad de nombres que identifican a los bombones es llamativa. Uno, con licores picantes en su relleno, se llama "Molotov" y tiene una mecha de hojaldre, seca o mojada, según lo prefiera el consumidor. El de chocolate negro, "Malcolm X". El de chocolate blanco, "Karl Marx", con nombre y apellido. Cada vez que alguien pide, dice "Dame un Molotov" o "Me llevo media docena de Marx", el clima se puede cortar con un cuchillo. Y así.
Las señoras de la coqueta avenida tienen la costumbre de ir ellas a la panadería. Les encanta sufrir. Dejan a las empleadas (se han propuesto subirlas de categoría y las denominan cosmetólogas de piso. Una paquetería) a cargo de la limpieza de sus hogares (los de las señoras) y se reúnen a comentar las ocurrencias del señor Klon. Se las nota muy nerviosas. Es que la torta más importante de la panadería se llama "17 de octubre" y se venden tortitas, pero de a 115 como mínimo y las entregan envueltas en un pañuelo blanco, siempre.
Los señores llegan al atardecer y se sientan a dialogar en el Club House que, paradójicamente, mira al frente del local del señor Klon. Uno de ellos, gerente de la sucursal de una multinacional financiera, tiene pasión por los sacramentos. Por los de panadería, claro. Ocurre que están en exposición bajo un cartelito primoroso que dice "Voltaire". Su vecino prefiere las rosquillas, que en este negocio responden al curioso nombre de "Bukowski". Los paterfamilias de nuestra historia no entienden por qué les crece la angustia a medida que van consumiendo las exquisiteces que ofrecen el señor Klon y sus compañeros. Pese a que riegan las colaciones vespertinas con cognac importado y whisky, al que el muy pícaro de Klon le ha cambiado la etiqueta de nombre sajón por "González Tuñón", sufren de ataques de ira y confusión, creen ver hordas de niños con computadoras y morochos viajando hacia las playas. Cuando, al final de la jornada, regresan a la seguridad de sus alfombras y paredes tapizadas, entre sábanas perfumadas y espejos implacables, siguen intentando comprender qué hace el señor Klon para ponerlos así. Justo a ellos que necesitan paz y armonía para poder cerrar esa transacción con las Islas Caimán o remarcar la mercadería a despachar mañana.
Nunca lo van a entender porque el señor Klon hace pan.

lunes, 1 de septiembre de 2014

Mis superhéroes

Es el segundo de los tres hijos de mi hijo. El mayor de los varones. Juan tiene tres años y medio y una inteligencia y dulzura que nos provoca mucho orgullo y ternura. Luciano, mi hijo y su padre, llega del trabajo y Juan le pide jugar a los superhéroes.
-Bueno, dale. ¿Vos quién sos?
- Yo soy Spiderman, dice Juan.
- Yo soy Thor. Empezá vos, hijo.
Luego de una pausa chiquita como su sonrisa, Juan dice
- Te amo.
El padre, sorprendido y conmovido, le contesta
- Yo también te amo.
Spiderman y Thor se retiraron a sus aposentos (el baúl de los juguetes), abrumados por la escena. Y yo, con los ojos humedecidos por la lluvia imaginaria de la vida, se los cuento para que sepan que vivo en un país con buena gente. Sin superhéroes de juguete.

viernes, 22 de agosto de 2014

Un exabrupto del inconsciente

Desde hace un tiempo, corto, ciertas cosas que deberían producirme bronca, mal humor y acidez estomacal me causan gracia. Debe ser la edad, me dijo un amigo más viejo que yo. Si él lo dice. Veamos algunos ejemplos y ustedes piensen lo que quieran. Como siempre, como debe ser.
Un grupo de digerentes gremiales (ante el escribano público Don Otario Proctocólogo doy fe de que no hay error de tipeo) declara un paro nacional en la Argentina desde Bulgaria. Una vulgaridad, me comenta Emilio, tan filósofo filoso. Sí, pero una vulgaridad búlgara es una paquetería globalizada, le contesto. El paro ya tiene fecha, pero no importa, su anuncio es lo que cuenta. Cámaras, micrófonos y columnistas vuelan a los pies de Sofía y a los brazos de Momo en busca de la primicia. Las gambas de Sofía ya dejaron de ser gambas comunistas y seguro que hay un McDonald cerca para indigestarse como en cualquier país normal de este planeta que supimos conseguir. Los brazos del Momo, en cambio, sólo se consiguen en la Pampa húmeda nacional. Exclusividades de la boutique sindical decadente y empresarial.
Quien llegó al paroxismo del sincericidio es el exgobernador santafesino y actual diputado nacional por el socialismo vernáculo, Hermes Binner se llama. Escuché de sus propios labios, con el énfasis y el carisma que lo caracteriza, que "Creemos todavía en la mano invisible del mercado". Me hacen ruido tres cosas, por lo menos. En primer lugar, el uso del plural "creemos". ¿Qué clase de socialistas cree en esa mano invisible?
Al hermético se le ve la intención de asimilar su espigada figura a los eurosocialistas españoles, franceses, italianos y griegos que transan con los centros de la timba internacional sin ponerse colorados. Ni rosados. Además, ese "todavía" no hace más que confirmar que el exintendente de Rosario viene encubriendo el contrabando ideológico desde altri tempi. Y por último, ¿quién le vendió el buzón de que la mano del mercado es invisible? ¿Qué tan invisible fue el desmantelamiento de la red ferroviaria nacional que dejó culo p'arriba a cientos de pueblos de nuestro país profundo? ¿Cuál es la invisibilidad de la desaparición de las escuelas técnicas y la exportación de cerebros durante el reinado del mercado? ¿No fue muy visible la desesperación de los jubilados y empleados públicos cuando les arrebataron un porcentaje de sus haberes? ¿Qué tan invisibles son las manos de Domingo Cavallo, la Sociedad Rural Argentina y sus directivos per secula seculorum, o las manos de los Mitre y de Ernestina? Las manos corruptas y decrépitas de Carlos Menem y las narcomanos del hombre de Banfield, ¿son invisibles? ¿O no tienen nada que ver con el mercado?
Este tipo de declaraciones son interesantes de desagregar, como me enseñó mi profesor de Filosofía, Nolberto Espinosa. Cuando el exsocialista dice "Creemos" parece confesar su alineamiento con lo que eufemísticamente alguien llamó "la derecha moderna". Cuando dice "todavía" reconoce que su amor y su fe en el mercado, esa entelequia obscena, viene de antes, de mucho antes.
Sin embargo, lo que más me llama la atención es que los dichos del hermético llamen la atención. ¿Acaso no dijo que, de ser venezolano, hubiese votado por Capriles? Son exabruptos del alma, eructos del inconsciente. En fin, reacciones ante una realidad que se le viene encima y él no supo o no quiso ver.
Como le pasa al inefable senador mendocino, el radical Ernesto Sanz, presidente del Partido, quien acaba de regurgitar un papelón más. En medio de la más formidable batería de iniciativas oficialistas (proyecto de ley de pago soberano a los tenedores de bonos argentinos, otro de creación de un fuero en defensa de los consumidores, otro de control de la cadena de formación del precio final de un producto, entre tantos) vomitó estas palabras: "El gobierno está desorientado y en retirada". Como un déjà vu del helicóptero que se llevó los sueños de un país y su gente, estos ejemplares de la fauna política nacional creen que la imagen que les devuelve el espejo después de la ducha es la Patria.
Eso sí, se postulan. Quieren presidir el país y andan a los codazos entre ellos. Sólo les importa que el jopo o la calvicie brillen en cámara. Por dentro, poco. Casi nada.

martes, 5 de agosto de 2014

114

Celia, Laura, Luciano, Leandro, Camila, Manu, Alejo, Anita, Juan, Felipe, nuestras mascotas, los pinceles, las gubias, los manteles, mis huesos, las maderas, cada amiga y cada amigo, las dos cucharadas de azúcar de mis desayunos, Nora y Sergio, Diana y Jorge, el aromo y su aroma, la dignidad de Mempo, la voz de Galeano, mi hermano Miguel y mi cuñada Marta, Armando, Laura y sus chicos. Cada hogar, cada bicicleta, cada canto de Liliana Herrero y cada texto de Horacio González. La filosofía y José Pablo. Orlando y sus mensajes. Ernesto y sus padres desaparecidos. Natalia y su belleza integral. Mis compañeros de Uruguay, Venezula, Cuba, Chile, El Salvador, Brasil, Panamá, Canadá, Francia y España. Felipe Pigna, mi amigo.
Mi biblioteca y los libros perdidos. Las lecturas que me debo y no alcanzaré.. Elsa Osorio y su Luz. Los compañeros caídos y la sangre derramada. Néstor y Cristina. El lastre que vamos dejando en el océano. Las medialunas de San Martín de los Andes. El café de los sábados. Mis colegas de la radio. Las sillas y los árboles. El facebook y la solidaria naranja que come el niño palestino cinco minutos antes del misil sionista.
Milagro Sala y su madre tierra. Las manos del labriego explotado. Las manos de los pianistas. Javier Mascherano y Víctor Heredia. Nosotros, los hinchas de River, Sandra Russo y Carlos Polimeni. La barra del Este y los otros puntos cardinales. El ozono. Las flores del bien. Los gorilas auténticos, los de la selva. Mis vecinas queridas y solidarias. La sonrisa de Guido y su almohada de paz. La ternura mutilada de Silvia Ontivero y el recuerdo imborrable de nuestro Alejo Hunau. El ADN y Tecnópolis. Miguel Rep y el Emilio. El cine renacido. El periodismo militante y los periodistas comprometidos. Los HIJOS y sus MADRES. El césped y la línea de cal. Eduardo Aliverti y su voz envidiable. Víctor Hugo y la decencia inquebrantable de sus ojos. Viglietti y sus cantos puros. Los cóndores y las hormigas. Las hojas verdes por venir. Estela y sus canas limpias.
Todos estamos conmoguidos.

lunes, 4 de agosto de 2014

Sizan. Diatriba por Palestina

                                             (Especial para "La Tecl@ Eñe")

                                                                                          A Tali Feld Gleiser


"Lo más difícil es ser víctima de las víctimas"
                                            Edward Said


Ya se ha dicho casi todo y en casi todos los idiomas, mientras el Derecho Penal Internacional sigue cocinándose a fuego lento. Muy lento. Inclusive se ha dicho en hebreo (ahí está la Declaración del Partido Comunista de Israel, fechada en Tel Aviv el 11 de julio de 2014). Sólo me queda intentar un cuadro comparativo de esta masacre con el flagelo hitlerista de mediados del siglo pasado.
¿Qué diferencia sustancial hay entre la búsqueda pseudocientífica de la "raza superior" y sentirse un "pueblo elegido" por designio divino? Sobre todo, desde que los científicos sociales declararon perimido el concepto de raza.
¿Acaso no financiaron la maquinaria nazi Siemens, Ford, Krupp, Messerschmidt y la banca internacional como hoy lo hacen las multinacionales del petróleo, el complejo militar e industrial de Estados Unidos y la OTAN?
¿No se parece demasiado la justificación del "espacio vital" que amparó las invasiones a Polonia, Checoslovaquia, Austria, Francia y la Unión Soviética con la excusa de las "fronteras seguras" para anexar Cisjordania, la Franja de Gaza y promover la instalación de colonias en los territorios ocupados?
¿Qué creen que hicieron los patriotas polacos, checos, austríacos, franceses y soviéticos para intentar recuperar lo que les pertenecía? Sí, hasta cometieron actos terroristas y contaron con el auxilio de mujeres y hombres del pueblo con el objetivo primordial de recuperar la libertad. No, no estoy justificando las acciones terroristas del fundamentalismo árabe. Pretendo entenderlas. ¿Acaso el Irgún, esa organización paramilitar sionista, no destruyó el Hotel King David el 22 de julio de 1946 a través de un atentado, cuando el territorio todavía estaba bajo el Protectorado británico?
El Estado de Israel fue creado, administrativa y políticamente, por una resolución de Naciones Unidas el 19 de noviembre de 1947, fecha en la que se decidió la partición territorial en dos Estados, uno palestino y el otro israelí. ¿Dónde? En la "tierra prometida". ¿Prometida por quién? Por un texto religioso. ¿Alguien sabe de otro Estado moderno que tenga como origen sustentable y principal un presunto mandato divino? Insisto, Estado moderno. De ninguna manera debe interpretarse que pretendo hacer desaparecer a Israel como quieren los fanáticos. Digo que la historia conoce otros casos de países creados, como por ejemplo Panamá a expensas de una fracción de territorio colombiano y por razones estrictamente económicas (construir el canal interoceánico), y sin embargo ambos pueblos conviven en paz y armonía. Claro, no hay factores religiosos ni étnicos que perturben, como siempre, la vida cotidiana.
Desde su creación política Israel ha sido consecuente y coherente. Fue amigo y discípulo del régimen del apartheid sudafricano, legalizó la tortura como método de investigación policial y judicial, asesoró militar, logística e ideológicamente a los contras de Nicaragua y a las más feroces dictaduras latinoamericanas, acompaña obediente, con entusiasmo y prolijidad, cualquier iniciativa yanqui contra Cuba y Venezuela. En fin, desarrolla una implacable gestión de limpieza étnica en su tierra de origen y en cada uno de los zarpazos que, desde la Guerra de los Seis Días, en junio de 1967, viene protagonizando como baluarte imperial al servicio de las multinacionales del odio. Y, como Gran Bretaña respecto de Malvinas, desconoce sistemáticamente las resoluciones de Naciones Unidas gracias al perverso sistema de veto que rige en el organismo desde su creación.
Por eso, y por muchas sinrazones más, no aparece como ilógico ver a sus ciudadanos y ciudadanas celebrar los bombardeos y las muertes ajenas desde una loma o una playa, platea morbosa de personas infectadas de sadismo colectivo. O escuchar declaraciones como la de la diputada Ayelet Shaked, del partido The Jewish Home, cuando sugirió que sería mejor "Matar a todas las madres de Palestina para que no nazcan más terroristas". Es una hermosa mujer, veo en la foto. Pero si, según Hegel, lo bello es la manifestación evidente de la verdad, la parlamentaria sionista es la excepción al pensamiento del filósofo alemán. También es, digo, el ejemplar emergente de una sociedad en la que la locura colectiva y el odio social encabezan su escala de valores.
Es cierto que la historia no se repite ni se pueden extrapolar épocas diferentes, pero cualquier semejanza entre las actitudes del Estado de Israel con las del régimen que auspició la "Solución Final" para los judíos durante el siglo pasado y la carnicería a que son sometidos los palestinos es más que pura coincidencia. Es una cadena ideológica vergonzosa que deja atónitos y furiosos a los seres de buena estirpe del planeta que nos ampara. (Tremenda coincidencia o paradoja histórica: una de las propuestas iniciales del Partido nazi en el Poder ante el llamado "problema judío" fue la emigración forzosa a Madagascar primero y luego a Palestina. El sueño del sionismo. Tal como lo cuenta Daniel Rafecas en "Historia de la solución final", Siglo XXI. 2012).
En fin, que para no discutir con los discursos académicos que nos abrumarían respecto del nazismo, el fascismo y el franquismo y sus semejanzas o diferencias con las políticas del sionismo israelí y sus acólitos universales, propongo que, a partir de ahora, no digamos que son nazis. Según el espejo de la historia son sizan.

jueves, 31 de julio de 2014

El cuco

                                                    A mi nieto Felipe, que hoy cumple un año


"La lectura de los periódicos demuestra que la realidad es ilegible"
                                                                      Oscar Wilde


Encontré la cita de Wilde cuando terminaba de leer los "Diarios. 1954-1991", de Abelardo Castillo (Alfaguara, 2014). Hasta donde pude averiguar el inglés no recibía diariamente Clarín, La Nación ni sus sucursales provinciales, como Los Andes, de Mendoza, o La Voz del Interior, de Córdoba. En la cárcel de Reading solían ser muy crueles con el bueno de Oscar y lo salvaban de ciertas ignominias. Con las que sufría eran suficientes, parece.
Mi país está en el centro de la tormenta. Y se postulan para timonear el barco algunos marineros de estirpe lacaya. Como todos y todas saben el capitalismo es ese sistema político, económico, social y cultural que permite que unos señores compren papelitos. Esos papelitos tienen impreso un número que, dicen, equivale a guita. Por una costumbre que nos viene desde la gesta humanitaria de Cristóbal Colón y sus valientes de espada y sotana, hemos aceptado que así sea. El hábito tiene seguidores que, de acuerdo con la época, se han globalizado. No hay mucha diferencia entre el señor Paul Singer, titular del Fondo NML Elliott y el señor José Luis Espert, economista vernáculo, que se anima a decirnos que "Hay que ir y pagar calladitos la boca". Es sólo un ejemplo. Si no, viene el cuco.
Mientras la señora Patricia Bullrich nos da lecciones de cómo se gobierna, mientras los dirigentes de la derecha explícita y la otra se regodean con las decisiones de la justicia yanqui, esta mañana Juan, Pedro, María y Elena se levantaron temprano, como siempre, desayunaron con su pareja y sus cachorros y salieron al sol, a caminar hasta la parada del colectivo. Es que el trabajo, ese que consiguieron después de años de recibir planes sociales, los espera.
Ni las 1.700 escuelas nuevas, ni los 3 millones de jubilados nuevos (estoy entre ellos), ni las nueve universidades públicas nuevas, ni los científicos argentinos repatriados, ni las miles de viviendas del PRO.CRE.AR, ni las 16 vacunas obligatorias y gratuitas nuevas, ni los ferrocarriles resucitados, ni los restoranes repletos, ni las parejas formadas gracias a la Ley de Matrimonio Igualitario, ni las Madres y Abuelas, ni los HIJOS y nietos, ni los y las compañeras beneficiadas por la Ley de Identidad de Género, ni los nuevos medios no monopólicos de comunicación, ni mis nietos, ni mis hijos, ni los tuyos. Nadie está hoy, 31 de julio de 2014, en default en la Argentina. Aunque algunos diarios, radios, canales de televisión y medios digitales nos asusten con el cuco. Ya somos grandes para esos modos, muchachos.

jueves, 17 de julio de 2014

Un sincero agradecimiento

El museo estaba cerrado. Ella y tres turistas vieron frustrado su proyecto de ingresar. A esa misma hora, en el estadio Maracaná de Río de Janeiro, las selecciones de fútbol de Argentina y Alemania disputaban la final de la Copa Mundial de ese deporte. Quiero imaginar que la insistencia de la señora por recorrer la institución (privada, aclaró ella ante el periodista que la entrevistó. Joaquín Morales Solá, o sea, estaba en casa) coincidía con el instante exacto en el que el arquero alemán Manuel Neuer cometía intento de asesinato en el área grande contra Gonzalo Higuaín, nuestro delantero. Pero es sólo mi maléfica imaginación y no la puedo domesticar. Felizmente.
Estaba enojada la señora. Dijo que, curiosa y dispuesta a confirmar que este país es raro, hizo varias llamadas telefónicas a diversos museos y comprobó que sí, la Argentina es un país raro. En ningún caso le respondieron. Por supuesto, agregó que esto en Europa no sucede. Los museos están abiertos caiga granizo, Merkel se intoxique con chucrut o Rajoy haga un curso de retórica y lo apruebe. Menos los lunes, obvio. A propósito, la directora del Museo Histórico Nacional, Araceli Bellotta, confirmó que la institución estuvo abierta al público y que, además, hubo una pantalla para que quienes allí trabajan y ocasionales visitantes puedan solazarse con el compromiso de dignidad que dieron los chicos de Sabella.
Pero no quedó ahí la protesta de la señora. Gracias al "Frankfurter Zeitung" supo que el "Empire State Building" lució los colores de la bandera alemana como homenaje al flamante campeón mundial. Pudo haber sido el celeste y blanco, señaló, pero los medios nacionales retacearon la información, dijo. Le faltó aclarar que el retaceo incluyó a las distintas ventanillas de cobro del Grupo para el cual trabaja la decepcionada intelectual.
Beatriz Sarlo, de ella se trata, me hizo acordar a Eduardo Galeano. No, no estoy loco. Al menos no por esto. El uruguayo protesta cada vez que le dicen intelectual. Para él los intelectuales son seres humanos que tienen disociados el cerebro y el corazón. Y él ha dado, y sigue dando, muestras de un magnífico equilibrio entre ambos. Lo expresa cada vez que puede y lo ratificó en aquella inolvidable cena en casa, hace un par de años.
De ahí mi agradecimiento a la Sarlo porque es un ejemplo vivo de intelectual. Con el cerebro en el "Frankfurter Zeitung" y su patriótico corazón en el "Empire State Building".